Escupiendo a la cara

Resident Evil 4. Acción-terror. RU-EEUU-Alemania, 2010, 98 min. Dirección y guión: Paul W. S. Anderson. Intérpretes: Milla Jovovich, Wentworth Miller.

Reprocharle a esta película ser mal cine sería como acusar a una experta en sadomasoquismo de maltratar a sus clientes: los dos saben a qué van, por qué cobra la primera y por qué pagan los segundos. Resident Evil es lo que es y está hecha como está hecha para mayor satisfacción de quienes pagan por verla: la cuarta entrega cinematográfica de una franquicia multimedia nacida del universo de los videojuegos y después extendida al cine, la novela, el cómic, los muñequitos y todo lo que pueda venderse. La habilidad técnica llenando el vacío de ideas, como las decoraciones velaban en el barroco la pobreza de materiales, ha logrado que una historia por completo falta de originalidad -una corporación medio secreta libera un virus que convierte a los seres humanos en zombis- se haya convertido en una mina de oro. La habilidad técnica, privada de toda capacidad de invención cinematográfica, ha hecho también la fortuna de la saga cinematográfica que en esta cuarta entrega se pasa, cómo no, al 3D: el último refugio de la incapacidad creativa que ha encontrado para sobrevivir un cine que casi literalmente le escupe a su público a la cara. Perpetra la cosa Paul W. S. Anderson, que dirigió la primera entrega y cuya filmografía ofrece joyas como Alien versus Predator o Death Race.

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