Festival de Venecia

Yakuzas y recuerdos del 68

  • La sección a concurso acoge la proyección de los nuevos trabajos de Olivier Assayas, 'Aprés mai', y Takeshi Kitano, 'Outrage Beyond'.

Dos contrincantes muy distintos batallaron este lunes en la Mostra: a un lado, el arsenal intelectual de Olivier Assayas con Aprés mai, tapiz templado y melancólico de la adolescencia postmayo del 68; y al otro, el equipo japonés de Outrage Beyond, mucho más violento bajo la dirección del maestro yakuza Takeshi Kitano.

Assayas lucha con las armas de la templanza y el intelecto, pero vence, precisamente, por contar cómo asumió una derrota: la del ardor político sobre la expresión artística. En Aprés mai, tras la explosiva serie para televisión de éxito internacional Carlos, el realizador repliega su artillería narrativa hacia una reflexión íntima sobre la adolescencia después de un mayo que no puede ser sino el de 1968, y en el que la juventud intentaba tomar el testigo de los protagonistas de la revuelta. "En la película hay mucho amor, naturaleza, ternura... pero la adolescencia se suele retratar casi como una caricatura, llena de fiestas, cuando yo la recuerdo como algo mucho más melancólico", explica el realizador.

Gilles, su alter ego juvenil, interpretado con aterciopelada impavidez por Clément Métayer, se pasea por esa Francia en la que unos pocos intentan seguir azuzando las brasas de la revolución, pero con la soledad de quien, por mantener el espíritu crítico, está destinado a chocar con cualquier tipo de colectivo. "Fue una época seria y triste, de una obsesión constante por la política. Todo estaba sofocado por una especie de super yo que era la responsabilidad social. Y en la izquierda francesa había algo triste, violento, que se reflejaba en la juventud", asegura.

Assayas ya había retratado aquel período de manera más abstracta y poética en Agua fría (1994), pero en Aprés maiapuesta por la narrativa clásica, tamizada por su brillante capacidad para capturar los grupos sin desatender la individualidad de cada miembro. Dejando de lado la idealización de Bernardo Bertolucci en Soñadores, escapando hábilmente al camino de lo trasnochado y considerando que la mejor representación de aquella época fue la de Pierre Garrel en Los amantes regulares, Assayas elige para su protagonista su mismo camino. Tras la decepción política, llega la creación artística.

Así, Gilles, tras asistir con distancia a la explosión hippie, al consumo de drogas y al amor libre, se refugia en el cine. "Es un canto a la fe en el arte como resurrección de lo perdido", según Assayas, quien no considera el cine un medio de comunicación. "El cine es un arte y, como tal, tiene valor dialéctico. Al contrario que el periodismo, conserva las contradicciones del mundo y deja que el público lo interprete según su mirada. Nunca he aspirado a informar o a dirigir la opinión de mis espectadores", concluye.

Tampoco lo pone fácil al espectador Takeshi Kitano, maestro del cine japonés y único director en competición de la 69 edición de La Mostra que ya tiene en su haber un León de Oro, el que consiguió con Hana-Bi. Flores de fuego en 1997, pero parece improbable que repita gesta con un film que no se encuentra entre lo mejor de su filmografía. Outrage Beyond, segunda parte de Outrage, responde a la vertiente más hiperviolenta de un realizador que luego se ha revelado capaz de hacer sutiles pequeñas historias como El verano de Kikujiro.

Reservándose el papel de yakuza indestructible de la vieja escuela en una época de corrupción moral que escandaliza hasta a la retaguardia de la mafia japonesa, Kitano teje un intrincado divertimento que, en cambio, exige una gran concentración por la cantidad ingente de personajes que maneja y lo rápido que acaban muriendo de la manera más creativa.

"Me gustaría poder hacer cine más artístico, pero tengo que hacer entretenimiento para tener espectadores", dice de un film de género tan pasado de revoluciones que coquetea con la parodia. "Las personas somos muy raras. Podemos reírnos de las escenas más violentas", añade, en relación a una de las ejecuciones más brillantes -de las numerosas escenas impecables que diseña Kitano-, cuando una máquina que lanza pelotas de baseball golpea hasta la muerte a una de las víctimas de Othomo, su personaje.

Consciente de que la épica dramática se ha escurrido de sus cintas de acción, de la misma manera que las emociones han desaparecido de las relaciones de poder, Kitano elimina mujeres y niños de su película, haciendo de Outrage Beyondun film cien por cien masculino, en el que yakuzas y agentes de Policía son el mismo perro con distinto collar. "La mafia y la policía tiene en Japón la misma relación que en resto del mundo. Pero esta no es una película sobre la mafia japonesa, sino una visión realista sobre Japón", asevera.

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