Un experimento de filosofía pura

  • El Echegaray sirve de estreno para 'Queridísimos intelectuales', un peculiar documental de Carlos Cañeque

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A quién no le gusta estar entre amigos. Llegar a altas horas de la madrugada repasando la vida, solucionando el mundo. Un momento lejano ya al día, en un contexto nocturno, cuando lo que se habla no tiene nada de superficial. Y mejor si es con un gin tonic. Es el paraíso de Carlos Cañeque, al que añade "unos cuantos porros". "Una conversación con un amigo te puede cambiar la vida", asegura Cañeque. Él ha repetido en mil y una ocasiones en su casa de Cadaqués estas conversaciones, "filosofando sobre el placer y el dolor, hablando de crisis personales, de miedos, literatura, valores", añade este profesor de Ciencia Política, escritor, músico y otras muchas cosas más.

Es precisamente esa atmósfera la que se consigue en Queridísimos Intelectuales, cinta que se estrenó ayer públicamente en el Teatro Echegaray. Una película-reflexión-documental-collage que cuenta con diez personajes españoles de la talla de Santiago Carrillo, Fernando Savater, Carlos Moya, Elena Ochoa, Román Gubern o el malagueño Antonio Soler. Dice Cañeque que los precedentes del documental son sus libros de entrevistas con Berlanga, Borges y Ciorán; pero también una idea que solamente rechazó por resultar muy cara: "Sería magnífico poder juntar a varios intelectuales en algo como Gran Hermano en una masía catalana", afirma el catalán, mientras su amigo Antonio Soler le mira con ojos sorprendidos y duda: "Quizás nuestra amistad no hubiera llegado hasta ahí", le subraya entre risas.

Ambos se encuentran para hablar del documental en la tranquilidad que dan los claroscuros del hall del Málaga Palacio. Son viejos amigos. Se conocen desde que Cañeque quedó fascinado al leer Las Bailarinas. "Tres horas después ya estaba llamándolo, sin conocerlo, para vernos", afirma. Ambos conectaron rápidamente durante una visita del malagueño a la casa del catalán. Desde entonces una gran amistad les ha unido: Soler hasta le ha adelantado algunos de sus trabajos y, por eso, las conversaciones hasta altas horas de la madrugada se han dado en muchas ocasiones. "Cuando él me presentó el proyecto sabía que iba a ser algo serio. Y una buena excusa para volver a vernos", dice el autor de El camino de los ingleses.

A Soler se le puede ver hablando de sexo o masturbación. ¿Que si es más fácil hablar de dolor o placer? Yo creo que es igual de difícil. Uno tiene pudor para hablar de placeres como el sexo, no es fácil. Y del dolor tampoco, porque yo no le pillo una parte positiva, esa cosa cristiana de que sufriendo alcanzarás algo bueno no me lo acabo de creer", dice el escritor. La película va del orgasmo a la muerte. Habla de cine, de erotismo, de las novias que tuvo Santiago Carrillo. De Drácula, Quevedo o Picasso. De lo divino y lo humano. De crisis. Pero no la económica, "la existencial". "Las crisis personales son las verdaderas, las importantes, las que hablas con amigos", dice Cañeque. También de drogas: "El ácido lisérgico cambió mi forma de ver la realidad, te cambia la percepción", afirma Cañeque. Pero, definitivamente, la película desnuda a los entrevistados, que hablan de un mundo privado que hasta ahora era exclusivamente reservado a sus personas más cercanas. A esas charlas hasta la madrugada. Pero sin andarse con referencias o intelectualidades, sino centrándose en los temas comunes a todos los mortales. "Es una de las grandes virtudes del documental. A partir de ahí hay una gran reflexión de la vida en muchos sentidos. Ojalá se fomentase más este tipo de trabajos", concluye Soler convencido. Tiene pinta de que estos días las conversaciones entre ambos se alargarán hasta muy tarde. Filosofía pura.

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