La 'groupie' de Keats

Bright Star. Drama, Francia/Reino Unido/EEUU/Australia, 2009, 120 min. Dirección y guión: Jane Campion. Fotografía: Greig Fraser. Música: Marc Bradshaw. Montaje: Alexandre de Franceschi. Intérpretes: Paul Schneider, Thomas Sangster, Abbie Cornish, Ben Whishaw, Kerry Fox, Samuel Barnett, Sebastian Armesto, Roger Ashton-Griffiths, Samuel Roukin, Antonia Campbell-Hughes, Olly Alexander, Alfred Harmsworth.

Después de ver esta película de Jane Campion uno puede quedarse con la impresión de que Keats era una especie de Jim Morrison flácido, sin drogas y con tuberculosis; Fanny Browne, una groupie pesadísima -además de cursi- que rozaba el acoso; y Charles Brown, un cínico que tenía unos celos morbosos de la Browne y una actitud posesiva hacia su amigo Keats. Las cosas no fueron así. Lo único cierto de todo esto es que Keats fue un grandísimo poeta de breve e ingrata vida y que amó a Fanny Browne. En lo personal estuvo marcado por la tragedia de la tuberculosis que mató a su madre, a su hermano -al que tuvo que cuidar- y a él mismo. En lo material jamás tuvo medios propios de vida, viviendo gracias al amparo de sus amigos, especialmente el escritor Charles Brown y el pintor Joseph Severn. En lo amoroso tuvo una difícil relación con las mujeres, salvo su necesariamente corta -por su muerte prematura-, atormentada e intensa relación con la posesiva Fanny Browne. Y en lo literario, pese a la protección amistosa de los ya entonces reconocidos Byron y Shelley, no conoció el éxito en vida, muriendo a los 25 años con la sensación de haber fracasado y estar condenado al olvido. Sobre su tumba en el bello cementerio protestante de Roma mandó que se escribiera el famoso epitafio: "Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua". Tras su muerte formó junto a Byron y Shelley la trinidad de la mejor poesía romántica inglesa, alcanzando además una popularidad escandalosa en la sociedad victoriana tras la publicación de sus cartas a Fanny.

De Keats, Jane Campion se ha quedado con la cáscara. Eleva al centro de su película a Fanny Browne, aunque para ello tenga que reducir el poeta a un comparsa de lujo y maltrate a su amigo Brown caricaturizándolo como un cínico brutal. La operación rezuma un feminismo políticamente correcto que se corresponde con el almibarado, cursi y hueco tratamiento visual.

Historia de poetas sin poesía, melodrama amoroso sin emoción, canto a la libertad, la juventud y la pasión por la vida, por la pureza, por la belleza y por la autenticidad emocional que carece de todas las virtudes que pretende ensalzar, Bright Star es un pastelito pretencioso que confunde lo delicado con lo cursi, la elegancia con el amaneramiento, lo sensorial o sensual con el preciosismo fotográfico, lo bello con lo bonito (y hasta con lo lindo) y el cine de autor con lo plúmbeo. Le falta pulso, vibración, emoción, vida, pasión. Y estas carencias, en una película sobre el grandísimo Keats y su compleja pasión hacia la Browne, son imperdonables.

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