Crítica 'Eternamente comprometidos'

El 'hombre blandengue' y la comedia romántica

Eternamente comprometidos.Comedia, EEUU, 2012, 124 min. Dirección: Nicholas Stoller. Guión: N. Stoller y Jason Segel. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: Michael Andrews. Intérpretes: Jason Segel, Emily Blunt, Chris Pratt, Rhys Ifans, David Paymer, Jacki Weaver.

El tándem formado por el director y guionista Nicholas Stoller y el actor y también guionista Jason Segel firma con ésta su tercera colaboración tras Paso de ti y Los Muppets bajo el influjo del productor Judd Apatow y su cada vez más reconocible universo de comedia romántica en los límites del exceso controlado.

En efecto, y no demasiado lejos de otra ilustre predecesora de la misma familia como La boda de mi mejor amiga, que conjugaba el viejo asunto del pre-marriage desde una perspectiva femenina y algo gamberra, Eternamente comprometidos se adentra en el asendereado trayecto de la pareja de clase media hacia el horizonte del matrimonio con los inevitables altibajos, conflictos, crisis y dudas que Stoller y Segel aprovechan para desplegar su agradecido sentido de la digresión y la situación y el gag autosuficientes.

Lo más interesante de esta comedia romántica reside en el perfil de su protagonista masculino, un Segel gigantón y suave definitivamente feminizado para protagonizar una sutil inversión de roles en los que es él, el hombre, el que parece sacrificarse y, por tanto, entregarse a la fase de degradación y caída en picado de la que nace toda buena comedia, frente a una mujer (Emily Blunt) cuyos objetivos profesionales se interponen en el camino de la felicidad (sic).

Segel y Stoller prolongan y rehacen así aquel memorable personaje de Paso de ti para enfrentarlo a una suerte de patetismo emocional de fácil identificación en el que cada paso hacia el fondo, amputaciones y autoabandonos incluidos, pone una pica más en el retrato del nuevo hombre blanco sensible, inmaduro, depresivo y temeroso del compromiso, que ha configurado tantas películas marca Apatow y, por influencia directa, de la última comedia norteamericana.

Más interesante cuanto más salvaje y digresiva, más domesticada y previsible en sus repliegues hacia la conciliación romántica, Eternamente comprometidos también funciona con precisión en sus highlights ceremoniales y, muy especialmente, en su generosa galería de secundarios (el mejor amigo de él, la hermana de ella, los padres excéntricos de ambos, los compañeros de trabajo), marca de la casa de una nueva y dilatada forma de entender que la comedia ya no sólo se conjuga en las distancias cortas y el ritmo frenético.

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