Crítica de Cine

El nacimiento del imperio McDonald

Michael Keaton, en el centro, en una escena de la película. Michael Keaton, en el centro, en una escena de la película.

Michael Keaton, en el centro, en una escena de la película.

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Si les digo que dos de los tres protagonistas de esta película, los hermanos Richard y Maurice McDonald, regentaban desde 1940 un pequeño local de perritos calientes y hamburguesas en San Bernardino (California) y que en 1948 lo reconvirtieron para servir sólo hamburguesas producidas con un rápido y limpio sistema en cadena que permitía atender al cliente en un minuto, ustedes pensarán: ¡ya está!, ¡la típica película americana de los hombres hechos a sí mismos que desde la nada crean un imperio! Pues se equivocarían. Al menos en parte. Porque les he dicho que ellos son sólo dos de los tres protagonistas de la película y el tercero es Ray Krock, un cincuentón y más bien fracasado vendedor de batidoras que en pocos años se hará con el negocio, lo expandirá asombrosamente, se quitará de en medio a los hermanos McDonald y hasta logrará que no puedan poner su apellido en el local original que fue el origen del imperio. Una cosa es inventar y otra comercializar. Los hermanos McDonald hallaron la fórmula, pero carecían de la energía y la ambición de Krock -a la vez que Krock carecía de la estricta ética de los hermanos- para convertir su hallazgo en la mayor franquicia de comida rápida del mundo y uno de los símbolos de los Estados Unidos.

Por ello, además de una historia americana de éxito a través del esfuerzo, El fundador es una historia americana que al entusiasmo, la inteligencia y la obsesión por la calidad (los McDonald y Krock coinciden en ofrecer comida rápida, no comida basura) suma la astucia, la dureza y la ambición como elementos imprescindibles para sobrevivir en la jungla capitalista. De darwinismo empresarial, por lo tanto, trata esta película que no carece de matices: queda claro que, pese a sus excesos o tal vez gracias a ellos, el depredador Krock es quien convierte la idea de los hermanos McDonald en un imperio mundial.

De darwinismo empresarial trata esta película que no carece de matices

No sé si el guión de Robert D. Siegel (El luchador) es fiel a la realidad o si ennegrece dramáticamente la figura de Krock y embellece emotivamente la de los hermanos McDonald, como si el primero fuera el Lionel Barrymore de ¡Qué bello es vivir! y los hermanos fueran James Stewart: la América cotidiana del esfuerzo honrado frente a la de los ambiciosos depredadores. En cualquier caso, se non è vero, è ben trovato. Porque la fuerza de la película, que no es poca, reside en el enfrentamiento entre el inocente McDonald, su cauto hermano Dick y el ambicioso Krock, extraordinariamente interpretados por John Carroll Lynch, Nick Offerman y Michael Keaton.

Tras ocuparse del béisbol (El novato), la superación a través del fútbol americano (Un sueño posible), el Álamo (El Álamo: La leyenda, su peor película) y Walt Disney (Al encuentro de Mr. Banks), todas basadas en hechos reales, John Lee Hancock parece haberse trazado un camino que sigue con rigor: el de revisar los mitos históricos, deportivos, cinematográficos o alimentarios que forman el imaginario colectivo americano. Así lo confirmaría, si su filmografía no bastara, la hermosa pequeña secuencia de El fundador en la que las banderas de los edificios públicos, las casas con porche y las torres de las iglesias recrean la próspera y feliz América de principios de los años 50 en la que Krock halla su inspiración para convertir a McDonald's en la nueva iglesia americana. Como todas las iglesias, para toda la familia: el objetivo es ofrecer limpieza y tranquilidad para diferenciarse de los Drive Inn y los Dinner's que atraían a los jóvenes rebeldes sin causa de la época.

Muy bien rodada, la película ofrece pequeñas secuencias como ésta, o la del diseño de la producción en cadena de hamburguesas ensayando sobre un suelo en el que se dibuja con tiza la distribución de las tareas en la cocina, que dan riqueza visual y añaden intención a su estilo eficaz y sobriamente clásico con que se narra el nacimiento de un imperio que simboliza -recuerden lo que representó la apertura de McDonald's en Moscú en 1990- a los Estados Unidos.

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