Moncho Borrajo: "El humor es el arma del pobre contra el rico"

  • Tras cuatro años de ausencia, el cómico regresa al Teatro Isabel la Católica con 'Golfus Hispanicus'

Al otro lado del teléfono su risa invade toda la conversación. Divertido y mordaz, Moncho Borrajo (Orense, 1949) regresa, tras cuatro años con Golfus Hispanicus, una parodia de la actualidad más incómoda desde los prismáticos de un Imperio Romano que dominaba Hispania. El cómico encarna a un senador, Monchus Callus Borrajus que le pide a Júpiter regresar para conocer la situación que vive su país. Comienza entonces el engranaje de esta tragicomedia musical "con comienzo, desarrollo y fin, donde se canta hasta un pasodoble con el público y donde también hay lágrimas", resume su autor. Dos horas en las que repasar con la lupa de la ironía episodios de la Historia y de ese presente que avergüenza: el de los corruptos, el del periodismo telebasura y el de los recortes. Y donde no faltan sus rimas improvisadas con palabras que aporta el público, "porque en Roma también se improvisaba", recuerda Borrajo

-Creo que en su espectáculo no deja títere con cabeza en el repaso a los perfiles políticos de hoy...

-Hay un momento en el que digo: "a lo mejor les da vergüenza, pero yo tengo memoria". De lo que pasó con Felipe González ya no se acuerda nadie, y de los hermanos del Guerra tampoco. Y da igual el color político. Recuerdo, por ejemplo, cuando la alcaldesa de Madrid dijo que lo que más afeaba de Madrid eran los pobres. Eso no se puede decir. Es una barbaridad.

-¿Qué tienen que aprender los políticos de hoy de los que dominaban Hispania?

-Sobre todo el concepto de la ética, de la palabra dada. Séneca se cortó las venas por no obedecer a un dictador. Entonces intentaban mirar por el pueblo, algo que parece que se ha olvidado, el compromiso.

-¿La televisión de hoy lo tiene?

-Mira, me acuerdo con rabia del día que estaba con María Teresa en un homenaje a Juana Reina y Caracolillo y me enfadé porque diez minutos antes de acabar el programa le comunicaron a ella por el pinganillo que se había muerto Paco Valladares. Eso no se puede hacer, porque todo no vale.

-El poder de la audiencia en detrimento de un periodismo mal entendido...

-Hoy día no se le da valor a los oficios. Un arquitecto no tiene ni para comer y un fontanero come muy bien. Y nos encontramos con que cualquier imbécil puede opinar en los medios de comunicación bajo la etiqueta de colaborador. Yo en el espectáculo digo como cincuenta veces la palabra presuntamente a propósito. La gente se cree que con insultar y decir burradas dice la verdad. A veces se hace más con la sutileza y con los silencios.

-¿Qué es lo que más chirría en su profesión?

-Los nuevos actores de la tele no aprenden de los mayores. Hacen cuatro series y se creen artistas. Luego suben a un escenario y no se les oye a partir de la cuarta fila. Ahora casi nadie recita bien el verso. Les falta leer más.

-¿El teatro es un buen maestro?

-Desde Sófocles el teatro ha valido como denuncia. Yo digo que el humor es un arma y una medicina, ahí . Un arma del pobre para atacar al rico riéndose en sus propias narices, y medicina porque durante el tiempo que se ríe no tiene hambre.

-¿Se abusa de un nombre popular para llenar teatros?

-Yo reivindico las salas pequeñas, el teatro alternativo de verdad. Y que cuando alguien vaya a un teatro importante sea porque su nombre y lo que presenta lo vale. Hay mucho finolis ahora. Yo no me imagino en el Teatro Real, por ejemplo.

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