Corpus

Tarde insólita: pocos novillos y trofeos

  • El buen hacer del Alvareño y el embrujo de José Palma destacaron en la novillada sin picadores

No digan ustedes que no es insólito que después de aprobar la novillada por el equipo veterinario y por la presidenta, Ana Belén Álvarez, se tengan que traer más reses porque los que había tenían unos pitones que producían mieditis, y aunque el reglamento permite la merma de las astas en la novillada sin picadores, hay que hacerlo antes de ser aprobados, pero esto funciona así. Otra cosa que no es muy habitual es sacar el pañuelo verde una vez comenzada la faena de muletas para cambiar al novillo, y tampoco estamos muy acostumbrados a ver toros en punta -aunque sean novillos y pocos-.

A la blandura y falta de raza de la novillada de 'El Soldado' sí que lo estamos. Salvado el buen segundo, y los manejables primero y tercero, junto al blando cuarto, el quinto y segundo sobrero, el sexto, fueron mansos de libro. Menuda clase para los que empiezan, bueno, pensándolo bien es con lo que se van a encontrar muy a menudo, blandura y falta de razas, y para eso también hay que prepararse si se quiere entrar en la rueda de la fortuna.

Pero también hubo cosas buenas, algunas muy buenas, como el oficio y forma de llegar al tendido de Alejandro Luis Álvarez 'El Alvareño' (oreja) de la escuela taurina de Atarfe, al que solo le faltó acertar con el acero para redondear una faena muy completa al buen segundo. Estuvo en novillero, decidido y con ambición, no exento de buenos momentos. Recibió a portagayola, se salió bien con el capote y toreó con suavidad y temple. Remató con un circular muy largo y chicuelinas a un novillo que lo admitió todo.

Pero ahí no acaban las buenas sensaciones de la tarde, porque lo del gitano José Palma (ovación tras aviso), de la escuela taurina de Granada es de otra dimensión. Su embrujo, empaque y forma de conceptuar el toreo es propio del que nace torero y lleva el arte en las venas. A pesar de que su mansurrón quinto no tenía un pase, él se lo inventó, y dio un par de tandas al natural de las que fijan la vista en algo diferente y bueno. Muy por encima de su novillo, sorprendió.

Romero Hernández (oreja) también de la escuela taurina de Granada, hizo una faena aseadita y el público agradeció su gesto voluntarioso del tercero. Puso banderillas y quiso estar ahí, aunque quizá le pesó la responsabilidad en exceso para rematar las tandas.

Ante el blando primero y con ganas tremendas de rajarse, Javier Ortiz, (leves palmas tras aviso), ni molestó al novillo. Con su toque suave y ligado emocionó en exceso.

El francés Mateo Julián (oreja) demostró tener buenas maneras y concepto, pero topó con el blando cuarto que al menos le permitió lucir variedad y buen gusto llegando a exprimir lo poco que tenía el novillo.

Miguel Ángel León (oreja) tiene empaque y el oficio bien aprendido. Su toreo reposado y de buen concepto se enfrentó al manso sexto pero aún así lució maneras.

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