Vergonzosa tarde de toros

  • El 28 cumpleaños y última actuación de David Fandial 'El Fandi' no tuvo final feliz porque volvió a pinchar, y para colmo, el encierro de la tarde de ayer fue para olvidar y no volver

No se puede terminar peor las corridas de a pie de un ciclo ferial que como se hizo ayer. Estamos acostumbrados ver fiascos ganaderos, pero lo de Torrehandilla es mejor olvidarlo, y de no mejorar mucho, espero que tardemos en verlos por estos lares. Cuando sale ese tipo de toros a la plaza todo es aburrido, sin interés, imposible de lucir, y además la gente se siente engañada porque esto se llama fiesta de toros, no de blandura y falta de raza. Si sale el toro, también hay fiesta para los toreros, la gente se divierte y se justifican los altos precios que tanto cuestan pagar. Menos mal que al menos había un toro, el quinto de Torreherveros, segundo hierro de la casa, que dejó a David interpretar su toreo y la gente lo pasó bien; y que salió el segundo sobrero en cuarto lugar, del hierro de Gavira, que nos dejó ver unas gotitas de Morante, todos los demás fue para desesperar.

La tarde había creado enorme expectación, buena prueba de ello es que los tendidos, salvo los altos de sol, se llenaron. Los alicientes eran muchos, el miércoles Morante dejó su personalísimo sello y se le esperaba casi con devoción, ese mismo día Perera parecía querer más para el sábado y el fandi quiso poner un broche de oro a sus tres actuaciones, ya que las anteriores habían dejado un sabor agridulce al granadino. Pero con estos toros es imposible. No es bueno para nadie, ni para el que cobra ni mucho menos para el que paga, todos salen maldiciendo lo visto y vivido.

El Fandi, felicitado en su 28 cumpleaños en numerosas ocasiones por la plaza, vino con la mejor disposición y se entregó toda la tarde, pero David volvió a pinchar cuando tenía el éxito asegurado en el quinto, y volvió a salir andando, cosa poco habitual en el granadino, pero al menos su dignidad salió intacta, su satisfacción seguro que no.

El recibo al segundo con tres chicuelinas y media verónica antológica, presagiaban algo que después no pudo ser. Tres banderillas de poder absoluto, dos en la misma cara y violín de remate, fueron lo único vistoso de la faena. El toro rodó tras el quite por chicuelinas y eso fue lo que vino. Tandas por alto, toro rodando y público desesperado. Tras tocarlo al natural y comprobar que todo estaba listo, Fandi evitó que la gente se aburriera más y abrevió sin darse coba, gesto de agradecer.

Todo cambió con el quinto, un toro que obedeció pero al que le faltó fuerza. Lo recibe con verónicas de rodillas, otras ajustadas con temple y vibración. Su quite por lopecinas entusiasmó, igual que cuando, tras un par de poder a poder, cogió otros dos en la mano y tras colocar el primero al violín, clavó otro en la misma cara y paró al astado, levantando al tendido. Dio distancia y reposo en las dos primeras tandas por el pitón derecho pero al citar de lejos y someter mucho al toro en un trasteo ligado, el animal aunque seguía obedeciendo, se quedó sin gas, ya al natural se apagó. Recurre el Fandi al arrimón, descaro entre los pitones y desplantes. Había exprimido al toro y el público estaba dispuesto a sacarlo por la puerta grande, pero de nuevo dos descabellos, y Serrano, el presidente, no accedió a la petición de la segunda oreja.

Volvimos a gustar de la esencia Morante en el cuarto, un sobrero de Gavira pero esta vez con cuentagotas. El toro fue noble, pero blandeó en todas las suertes. Tuvo que rectificar el de Puebla del Río en todas las tandas para poder colocarse, pero la faena fue larga y voluntariosa, con detalles torerísimos. La pena es que eran sueltos. Se fue inspirando al final, y algún natural tuvo largura y gusto, al igual que los remates de pecho y trincherillas. A la faena le faltó el armazón de las tardes redondas, pero nadie puede negar la disposición y buen hacer de Morante, no había más toro.

Tras tocar al primero por ambos pitones y ver lo que había, o sea, nada, Morante no lo pensó y abrevió aquel infumable toro. Este no lo duda.

Tampoco Perera salió mejor parado con un lote a contraestilo y voluntad a raudales del extremeño, pero poco más. Se echó el tercero al salir del caballo, y el intento de faena aburría al más pintado, el toro al suelo en cada tanda y toro visto. Se justificó en el sexto, probó con firmeza y aguantó algún que otro arreón del blando animal, pero su esfuerzo topó con un muro y el público agradeció el gesto del intento.

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