Un día para ‘disfrutar como enanos’

  • Los más pequeños ocupan el espacio del ferial en la última jornada del Corpus · Pese a la amenaza de lluvia, el tradicional castillo de fuegos artificiales despidió una edición marcada por el repunte de público

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Si durante toda la semana, los coches de caballos dominaron con su poderío las calles del ferial, ayer fue el turno de los carritos de bebé, conducidos con extrema pericia por los padres, pese a la dificultad del terreno.

La rebaja de las entradas de las atracciones a la mitad de precio funcionó como eficaz reclamo para que los más pequeños también disfrutaran del Corpus sin arruinar demasiado a sus progenitores. “Todos los años venimos el ‘Día del niño’, porque si no te puedes gastar hasta 50 euros en columpios”, comenta Francis Contreras mientras su hijo de tres años pasea en el tiovivo.

Eso sí, si por los pequeños fuera, se montarían en todos lo columpios del recinto, y varias veces. “Me he montado en el tiovivo y ahora a la ranita”, asegura David, otro pequeño que pasó ayer una excitante jornada de vueltas, giros y balanceos cegado por fulgurantes luces de colores y ensordecido por la música y los comentarios de los feriantes.

No obstante, no todos los niños están dispuestos a probar todas las atracciones de la feria y algunos confiesan sentir cierto recelo ante tanto movimiento inesperado.

Para evitar ese miedo, muchos padres optan por compartir con sus hijos el viaje, unos por obligación, otros por rememorar viejos tiempos. “Me he montado con ella porque me gusta”, asegura entre risas José Antonio Castilla, que goza de una pasión por las emociones fuertes heredada por su hija de 7 años, Andrea; “otra vez, otra vez, otra vez...”, reclama la pequeña.

Pero si hay algo que canse a los padres –los más pequeños son infatigables–, son las colas y esperas que hay que soportar frente a los columpios, aunque las caras de ilusión de los reyes de la casa disipan hasta el hastío de los que están allí trabajando.

Además, el ‘Día del niño’ también sirve para que padres y menores pasen un día en familia. “Traemos a los niños por la mañana y ya aprovechamos para comer en la feria y pasar un día todos juntos”, comenta Isidro Olgoso, concejal socialista de Granada, que ansía la llegada de estos días para conciliar la vida familiar y política.

Menos recompensa obtienen los propietarios y trabajadores de las atracciones, quienes deben atender a muchos más clientes que durante el resto de la semana, sin que los beneficios económicos obtenidos este día sean mayores a los de cualquier otra jornada. “Se saca menos dinero porque las máquinas tienen un número de viajes (y por tanto de pasajeros) limitado al día, así que al final se suben los mismos niños pero por la mitad de precio”, aclara Pilar Villa, la vendedora de billetes de uno de los tiovivos infantiles del recinto. Por contra, los vendedores de dulces, globos y regalos aprovechan este día para aumentar las ventas.

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