Cecilia Böhl de Faber

Acercamiento a la mujer contradictoria

  • La Fundación Lara publica las 'Obras escogidas' de Fernán Caballero, un libro editado y antologado por la profesora de la Universidad de Sevilla Mercedes Comellas

Empezando por sus dos nombres, la de Cecilia Böhl de Faber fue una figura llena de ambivalencias. Como afirma su antóloga, la profesora de la Universidad de Sevilla Mercedes Comellas, Böhl de Faber se definía como romántica pero rechazaba el Romanticismo; quería crear la nueva novela española pero escribió gran parte de su obra en francés; sostenía un severo puritanismo pero el adulterio fue uno de sus temas favoritos. "Cecilia Böhl de Faber -afirma la responsable de Obras escogidas- vivió las contracciones propias de una compleja edad cultural. Unas contradicciones que marcaron hondamente su desarrollo personal y literario, y le proporcionaron su característica más significativa: esa condición paradójica que le obligó a vivir en permanente debate consigo misma".

Tal vez por ello, desde su aparición, el nombre de Fernán Caballero ha motivado una gran división de opiniones: "Por un lado -continúa Comellas-, estaban su condición y formación extranjeras, que la convierten en una figura difícil para la historiografía literaria española, pues resulta un personaje ajeno a nuestra tradición. De otro, su beligerancia ideológica, que la asociaba a posturas reaccionarias".

Dentro de este espectro ideológico, se encuentra su posición contraria al ejercicio intelectual femenino -una postura que resulta doblemente chocante, no sólo por su propia condición de literata, sino porque su madre, Frasquita Larrea, fue también una mujer de amplia formación, traductora de feministas como Wollstonecraft-: "Esta postura -explica Comellas- tal vez pueda explicarse por la compleja situación familiar en la que fue educada, así como por las constantes desavenencias entre sus padres. De hecho, la relación con Francisca Larrea nunca fue fácil para Cecilia, educada en los años más importantes de formación por su padre: un hombre al que adoraba y que nunca nunca vio con agrado las apasionadas aficiones intelectuales de su esposa, pues sus roussonianas concepciones de la feminidad asociaban el espacio de la mujer al territorio de lo privado, espacio con el que nunca se conformó Larrea y que, aunque con culpabilidad nunca resuelta, también su hija traspasó".

"No se puede decir que Fernán Caballero despreciara a las mujeres, pues ellas fueron sus personajes más idealizados -reflexiona la estudiosa-. Pero sí es cierto que reacciona contra las primeras tendencias emancipadoras de la época y busca además su novedad literaria distanciándose de las fórmulas sentimentales con que se asociaba la literatura de mujeres. Nunca se sintió identificada con el grupo de autoras que en sus años formaron aquella famosa hermandad lírica femenina, a las que enfrentaba una literatura de verdad, ajena a aquella retórica sentimental".

Resulta curioso que, mediante su seudónimo, la escritora tratara de ocultar sus dos cualidades más significativas: la de mujer y la de extranjera. "Fernán Caballero terminó proporcionándole una identidad con la que se identificaba incluso en el espacio privado. De hecho, podemos decir que terminó siendo su personaje más importante", señala Comellas. Su falsa firma intentó servir, también, de escudo ante las críticas -que aterraban a Cecilia, una mujer de "extremada susceptibilidad"-. Por eso mismo, llegó a crear otro álter ego, el lector de las Batuecas, que respondía al juego narrativo sugerido por Fernán Caballero y le daba la seguridad de una relación "privada y amistosa" con el lector. 

Las primeras obras de Böhl de Faber no se hicieron públicas hasta la muerte de sus padres. Para Mercedes Comellas, es "difícil" conocer las causas de estos años de silencioso ejercicio literario. Una actividad  "de sobra conocida por su padre (que escribe a Washington Irving orgulloso de la afición de su hija), su madre (su primera colaboradora y traductora) y su segundo esposo. Sus padres no debieron ver con malos ojos aquella dedicación -explica  Comellas-. Sin embargo, es probable que el padre no hubiese aceptado su profesionalización literaria". 

En estas Obras completas, Mercedes Comellas ha pretendido realizar un amplio acercamiento a la obra de Fernán Caballero, situándola en un contexto europeo. El volumen incluye, por supuesto, La Gaviota, pero también textos como Un servilón y un liberalito, Una en otra -primera novela española que introduce el concepto de clase media- y La hija del sol -relato fantástico procedente de la tradición oral-, además de diversas cartas y apéndices. Un muestrario destinado a rememorar "el fascinante laboratorio de experimentos narrativos con los que Fernán Caballero investigó las posibilidades de la novela moderna", apunta Comellas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios