El corazón ante lo imprevisible

  • Marcos Giralt Torrente describe las zonas de penumbra de las relaciones en 'El final del amor', un conjunto de relatos distinguido con el Premio de Narrativa Ribera del Duero

El final del amor. Marcos Giralt Torrente. Páginas de Espuma. Madrid, 2011. 168 páginas. 15 euros.

Tiempo de vida, el libro con el que Marcos Giralt Torrente recordaba desde una conmovedora sobriedad la relación que había tenido con su padre, confirmó definitivamente al autor como una de las voces más maduras e interesantes de la narrativa española. Obras anteriores como París o Los seres felices ya habían demostrado sobradamente las aptitudes del escritor, pero el ejercicio de desnudez al que se enfrentaba el madrileño en aquel texto era un empeño difícil plagado de obstáculos que su artífice supo sortear hábilmente. Aquélla no era una propuesta dictada por el rencor, tampoco una hagiografía dulcificada del progenitor fallecido: con el trazo de aquella memoria compartida Giralt Torrente firmaba una hermosa, descarnada y serena descripción de la complejidad de las relaciones humanas, de las flaquezas y los hallazgos de la convivencia y el no siempre fácil vínculo de los afectos.

El final del amor, el conjunto de relatos con el que el autor ha ganado el II Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero, es una consecuencia lógica de aquella narración autobiográfica. El propio Giralt Torrente ha confesado que, tras el desgaste que supuso un proceso de escritura que le requería abismarse en el recuerdo, y las semanas de promoción en las que continuó analizando las vivencias junto a su padre, el escritor había acabado cansado de sí mismo, y deseaba volver al territorio más pudoroso de la ficción, al placer de abandonarse a otras historias que no pretendían reconstruir la experiencia sino inventar mundos y situaciones ajenas a esa esfera privada.

Fue así como, con el propósito de olvidarse de su pasado, Giralt Torrente escogió las hechuras del cuento. Su intuición le fue guiando: las piezas retratarían el amor sin esquivar las penumbras, porque entre dos amantes siempre hay una zona de sombras, un componente de extrañeza, y a Giralt le interesa la literatura que, aun siendo consciente de la imposibilidad de la empresa, intenta verbalizar lo impreciso, acariciar algo tan intangible como el alma humana. Por eso, aunque el título podría sugerir que los cuatro fragmentos tratan sobre enamoramientos que llegan a su término, la lectura reserva un viaje hacia profundidades mayores que la mera sucesión de relaciones enfrentadas a su último acto. El libro propone una travesía por los recovecos, los motivos que desembocan en el fracaso -la incomunicación, los resentimientos acumulados o la falta de deseo-, y también indaga en esa amenaza que gravita sobre todo compromiso: el miedo al abandono, la certeza de que toda unión perderá el lustre feliz de sus primeros días.

El final del amor comienza con un hombre y una mujer de excursión en una isla, a la que el trato con otra pareja que se ha embarcado en la misma expedición revelará el desencuentro que existe entre ellos. Ya ese relato, Nos rodeaban palmeras, anticipa los intereses de Giralt Torrente: su preocupación por dotar de entidad a sus personajes y su voluntad de apostar por la sutileza antes que por los subrayados, dejando que el lector complete con su imaginación lo que cada cuento sólo insinúa.

Cautivos, la segunda historia, es otro ejemplo de esa contención con la que el narrador expone los hechos. Al final del cuento, un matrimonio acaba compartiendo una finca en la que cada uno habita una casa diferente: la convivencia es imposible, pero ellos sienten que es demasiado tarde para separarse. "Así es la vida. A menudo no hacemos lo que nos conviene, y cuando queremos rectificar resulta imposible", le cuenta ella a su primo, el narrador del relato. La convicción con la que Giralt Torrente otorga aliento a una relación atípica y la elegancia con la que se dejan entrever las razones por las que ha naufragado esa unión denotan el dominio narrativo que ha alcanzado el escritor.

Joanna vuelve la mirada a un amor de juventud, el del protagonista por una chica que conoce en sus vacaciones en El Escorial, pero no es el típico idilio adolescente: el chaval ya barrunta que no puede existir un futuro conjunto; pertenecen "a dos mundos destinados a no encontrarse", ella proviene de una familia adinerada y excéntrica, él de una anodina clase media, aunque pronto él entienda que ella también es una desclasada. El comportamiento desinhibido e inclasificable de la madre y el hermano de Joanna contribuirá a la tensión de un relato que terminará en tragedia.

Última gota fría, el cuento que cierra el libro, narra la pequeña revolución que vive una familia cuando la mujer, varios años después de haberse separado de su marido, empieza a salir con un profesor universitario. Giralt Torrente no dirige su atención precisamente a ese amor que empieza, sino a la camaradería y comprensión que aún vincula a la pareja ya rota. Ninguna relación es anómala, parece decirnos el autor en este volumen de magníficos relatos: el corazón es un músculo extraño que no se rige por la lógica, y la vida, con sus contradicciones y sus misterios, nunca puede ajustarse a lo previsible.

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