La ficción como bisturí

  • 'From Hell', recreación de los crímenes de Jack el Destripador, es uno de los mejores cómics jamás realizados

From Hell. Alan Moore y Eddie Campbell. Editorial Planeta-De Agostini. 624 páginas. 23,95 euros

Para Cervantes, la Historia es la madre de la novela. ¿O era la maestra? No importa, Cervantes dijo lo que dijo porque su horizonte creativo no incluía esas formas narrativas que se incorporaron al mundo andando los siglos; de haber conocido el cine o el cómic, quién sabe, Cervantes, menos taxativo, se habría inclinado por algo así como que la Historia es la madre de la ficción. O su maestra, pues sí. Una inspiración, en cualquier caso. Un manantial donde hundir las manos. O un cuerpo en el que hendir el bisturí. O ambas cosas, un cuerpo flotando en un cauce que arrastramos hasta la orilla y diseccionamos para averiguar por qué acabó como acabó. En 1989, al iniciar la publicación por entregas de From Hell (Desde el infierno), Alan Moore confesaba que su relato es "la autopsia de un acontecimiento histórico, que utiliza la ficción como bisturí".

Dicho "acontecimiento histórico" había generado ya numerosas ficciones previas, en forma de novelas o películas. Nos referimos a los brutales asesinatos de cinco prostitutas en el barrio londinense de Whitechapel entre agosto y noviembre de 1888, uno de esos casos en los cuales, según dice el dicho, la realidad supera la ficción, aunque ha sido la ficción quien lo ha mantenido de actualidad. A fecha de hoy, los hechos no han sido esclarecidos ni completa ni satisfactoriamente. Lo único fuera de discusión es esto: en el trascurso de unos pocos meses, cinco mujeres fueron literalmente destrozadas por una persona con un mismo modus operandi: primero degollaba a sus víctimas de izquierda a derecha -quizás fuera zurdo- y luego se ensañaba en sus cuerpos. Puesto que extrajo e incluso extirpó algunos órganos internos con extrema "limpieza" se sospechaba que el asesino debía de tener unos mínimos conocimientos de medicina; de hecho, una de las primeras teorías en torno a la identidad de Jack el Destripador, tal como fue bautizada aquella mala bestia, especulan a propósito de cierto brillante cirujano, cuyo hijo habría contraído sífilis en sus devaneos con prostitutas; al morir éste, el padre lo habría vengado asesinando a las mujeres con que acostumbraba a divertirse.

Durante décadas, la historia fue llegando intensa, pero imperfecta, a la audiencia. Y la audiencia la fue corrigiendo a su gusto, rellenando los espacios en blanco, acercando antorchas a los ángulos en sombra. Al cumplirse el primer centenario de los hechos, el escritor Alan Moore y el dibujante Eddie Campbell decidieron retomar aquel relato finisecular (se acababa el siglo XIX, languidecía la Inglaterra victoriana) y se lo llevaron al propio fin de siglo (se acababa el siglo XX, languidecía la era Thatcher) para advertir a cuantos lo olvidan o ignoran que nuestra Historia reciente no permite ser demasiado entusiasta con la especie humana. Para su ficción, Moore y Campbell reconstruyeron con minuciosidad obsesiva la encrucijada histórica. No contentos con estudiar fotografías y planos de la época, llegaron a documentarse sobre las condiciones meteorológicas en Londres de aquel año. Y desde postulados felizmente nihilistas, se decantaron por las teorías más inquietantes y, a la postre, más nocivas para el establishment británico.

En fechas relativamente recientes, algunas investigaciones en torno al Destripador han apuntado hacia William Gull, médico al cargo de Albert, príncipe de Gales. Según ciertas tesis, el principito habría mantenido relaciones con una prostituta, de las cuales habría nacido una niña. La casa real ordenó la reclusión de la madre en un centro psiquiátrico y rogó a Gull que, en su doble calidad de galeno y masón, hiciera desaparecer de la faz de la tierra a esas mujeres, compañeras de la anterior, que podrían testimoniar contra la corona. Esto explicaría la impunidad con que actuó aquel carnicero y la falta de resultados de las pesquisas posteriores. En el fondo, nadie podía ponerle la mano encima. Que esta trama, si no cierta, fuese verosímil, sacó lo mejor de Moore & Campbell, que demostraron las cimas artísticas que puede coronar la fusión de imagen y palabra, fundamento del cómic. En manos de ambos, el villano de un folletín de terror deviene una figura trágica, una alimaña convencida de haber venido al mundo para acometer una excelsa empresa: salvar el imperio del populacho.

La estructuración de la historia es rigurosa: cada plancha es una retícula dividida en nueve viñetas, varias de las cuales, en general de tres en tres, pueden unirse horizontal o verticalmente formando una única rectangular. Esta disposición impone una cadencia al relato y a la lectura. No hay el menor intento de jugar la baza del suspense, las cartas están boca arriba desde el principio y son suficientemente espantosas para no tener que manipular al lector. En From Hell, la Historia inspira la ficción, pero es ésta la que extrae las conclusiones de la historia.

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