El ironista malvado y tierno

Hay un artículo que podría servir para una inmersión profunda y urgente en el mundo de este singular escritor que no ve necesidad alguna de distinguir entre poesía (recientemente reunida en la antología Amor) y narrativa (los cuentos de Zeta, las novelas sui géneris España y Aire Nuestro), como tampoco de separar sus pasiones por Mari Trini y Johnny Cash, Berlanga y Elvis Presley, Carlos Marx e Ian Curtis. Ese artículo trata sobre Cuéntame, la serie de televisión que recoge "la cantidad de realidad que estamos dispuestos a tolerar de aquellos años setenta" y que demuestra, para Vilas, que "la Historia es la materia". Hay muchos más textos, amén de las consabidas reseñas de sus libros que van apareciendo aquí y allá, noticias de actos y poemas sueltos. Vilas escribe desde la fantasía, en el sentido de que nunca renuncia a bordear los límites de las historias que cuenta porque contarlas le pone "cachondo". Pero también desde una suerte de conciencia histórica y con una rabia política que se parece mucho a una punzada íntima y nada a los lamentables eslóganes fosilizados que hoy tanto se confunden con el compromiso social. En sus textos -fiestas dionisiacas o fiestas oscuras, pero siempre fiestas- Vilas emplea a fondo una ironía malvada que no hace más que realzar sus estallidos de ternura y emoción, y ahí están para probarlo los textos (también incluidos en el blog) sobre Belén Esteban, "la verdulera infinita", o sobre los huesos de Lorca, que "no quiere volver a vernos, porque nos tiene miedo", y "cómo decirle que ya no somos los de entonces".

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