Tenis

Federer se esconde antes de la final

  • El suizo prepara en privado su final en Roland Garros ante Soderling para ganar el único Grand Slam que le falta e igualar el récord de Sampras.

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"No puede pasar nadie. Ni el presidente de la República". Nicolás Sarkozy estaba en Normandía recordando el Día D junto a Barack Obama, pero ambos habrían fracasado de habérseles ocurrido asistir al entrenamiento con que el suizo Roger Federer preparó la final que jugará este domingo en Roland Garros.

Enormes hombres de severos trajes negros a finas rayas bloqueaban cualquier esperanza de ingreso a la cancha dos, la cuarta en importancia en el complejo de Roland Garros, y aseguraban que ni el jefe del Estado sería capaz de franquear esas vallas. "Es un entrenamiento privado", insistían los guardias de seguridad, mientras el público buscaba cualquier resquicio para seguir al suizo en su liviana práctica con el francés Jerome Haehnel. Imposible, aunque varios lograron encaramarse a una pasarela del estadio central y tener una vista aérea parcial de lo que Federer hacía. En la sala de prensa los televisores ofrecían imágenes de una práctica sin mayor atractivo, aunque potenciada por la inusual seguridad desplegada en torno a ella.

Consciente de estar a sus 27 años ante la mayor oportunidad de su carrera -ganar Roland Garros por primera vez, igualar el récord de 14 Grand Slam de Pete Sampras-, Federer optó por aislarse de la presión exterior y concentrarse en ajustar detalles para su choque ante el sueco Robin Soderling. Ya había hecho algo similar en enero, antes de jugar la final del Abierto de Australia con el español Rafael Nadal. Así, el número dos del mundo se libró de la conferencia de prensa que habitualmente se celebra en el día previo a la final, canceló el encuentro con la prensa suiza y pasó por Roland Garros sólo el tiempo justo para tomar contacto con la arcilla, humedecida tras una mañana de lluvia. Ni siquiera su entrenador part-time, el capitán suizo de Copa Davis, Severin Lüthi, abrió la boca. "Este es un torneo de Grand Slam muy importante para Federer, por eso el que debe hablar es él", dijo Lüthi a lo largo de las dos semanas de un torneo.

Muy consciente de que está ante una oportunidad única -venció a Soderling, 25º del ranking mundial, las nueve veces que lo enfrentó-, el suizo buscó mostrar calma en las últimas horas. "No es que si no gano este año ya nunca podré hacerlo", aseguró en la noche del viernes un Federer que, sin dudas, oculta algunos de sus sentimientos. Por eso buscó este sábado relajarse al máximo. Se despertó tarde -"como a él le gusta", según un miembro de su círculo cercano-, almorzó tranquilo y, sin prisas, llegó a Roland Garros. El domingo abandonará su hotel de lujo parisino para hacer el mismo recorrido, pero la cita no será con el modesto Haehnel, sino con Soderling como último obstáculo para el salto a la historia.

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