Llegó el frío para cigarras y hormigas

  • El Atlético demostró estar verde para ser alternativa, la paciencia valencianista se agotó con Pellegrino y la clase obrera, representada por Betis, Getafe, Real y Levante, supera el vértigo y sueña con Europa

Superado el primer tercio de competición la cosa se va aclarando para bien y para mal. El sueño veraniego previo a todas las temporadas en el que se intenta vender que ésta será una Liga competida, igualada y que habrá equipos que se postulen a alternativas a Madrid y Barcelona ya se ha desvanecido, si es que alguna vez tuvo la consistencia necesaria. Un desvanecimiento que tardó en llegar el tiempo que le aguantó el Atlético al Real Madrid, es decir, la primera media hora de un derbi que duró lo que tardó Cristiano Ronaldo en marcar. O el tiempo que tardó en agotarse la diminuta paciencia de la afición de un Valencia reforzado a base de nombres que no dan la talla por el momento. La Liga es cosa de Barcelona y Real Madrid y todo lo demás es humo. Pero hay otros 18 equipos que están sabiendo darle su atractivo a la competición.

El derbi madrileño tuvo todo lo que suele tener un derbi pero le faltó lo más importante, la igualdad. No importa la forma en la que lleguen los equipos, los líos que haya en una casa o la motivación que haya en la otra. No importa la clasificación ni el juego, ni las sensaciones ni que los aficionados acudan a un entrenamiento ni que un entrenador haga un brindis al sol cuarenta minutos antes del pitido inicial. Un derbi es un derbi, y en Madrid lo normal es que ganen los de blanco, puesto que son mejores, tienen un mayor presupuesto y provocan una descomposición en los atléticos cada vez que los tienen delante. No es algo analizable, es una sensación de saber lo que va ocurrir de antemano y para lo que no tuvieron receta ni Fernando Torres, ni Agüero, ni Forlán ni ahora Falcao. El Atlético es el más claro aspirante a ser el campeón de los demás, pero esta Liga, en estos momentos, sólo la puede ganar o perder el Barcelona, y en caso de que se diera la segunda opción, sólo la podría ganar el Real Madrid.

Volviendo al atractivo de la competición, ése puede ser el adjetivo que mejor califique al Betis. Atractivo, porque desde su atalaya del cuarto puesto parece en disposición de dejar de mirar hacia abajo, evitar el vértigo y empezar a otear el horizonte. Paso a paso, con cautela y manteniendo la receta que le ha dado tan buen sabor al guiso, pero con 25 puntos que nadie podrá sacar nunca de su zurrón. Si sorpresa es lo del Betis, no lo es menos lo del Getafe. Su victoria ante el Málaga lo sitúa en puestos de Liga Europa y a tres puntos de Liga de Campeones. La indolencia que se había hecho bandera del equipo azulón ha dado paso a la motivación que una concatenación de buenos resultados suele generar. ¿Objetivo? Permanencia. ¿Realidad?

Casos parecidos a los de Betis y Getafe podrían ser los de Levante y Real Sociedad. Unos por seguir con su rústico pero efectivo ideario que les sirve para, además, pasearse por Europa y otros porque, pese a tener un entrenador que no le gusta a nadie, están más cerca de Europa que del descenso y mejorando su juego jornada tras jornada.

Precisamente esa mejora fue la que provocó la segunda destitución de la temporada. A Mauricio Pellegrino no le valió su pasado como capitán valencianista, no le sirvió de excusa el ser un debutante en la categoría ni el tener que armar un equipo completamente nuevo. Que el cargo le vino grande es tan cierto como que los cánticos en Mestalla se dirigieron a los jugadores y, sobre todo, al palco. No hay nada tan efectivo como protestar al palco para que el destituido sea el entrenador, algo en lo que en Valencia son reincidentes y que creó una moda entre los equipos que se suponían candidatos a discutir la hegemonía de los grandes no hace demasiado. El resultado es que esa burguesía de nuestra Liga está arruinada, sin saber cómo recuperarse y temiendo al frío tanto o más que la cigarra del cuento. Porque por si fuera poco, las hormigas están haciendo su trabajo como es debido y viendo sus trabajo reflejado en la clasificación a costa de las cigarras que en verano cantaban y presumían de sus relucientes fichajes.

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