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Póquer de ases en la semana clave

  • Nadal y Federer, primer y tercer cabezas de serie, cerraron la primera parte de la competición sin ceder un solo set · Djokovic busca por segunda vez el número uno y Murray mantiene las esperanzas locales

Es la calma antes de la tormenta, la paz que precede al ataque final: el de descanso de la jornada dominical fue para las grandes estrellas del tenis sólo el prólogo a una intensa semana que arranca hoy y se cerrará el domingo coronando a los campeones de Wimbledon. Es inusual, porque los jugadores viven de hotel de lujo en hotel de lujo, pero el paso por Londres les ofrece la posibilidad de residir en amplias y cómodas casas y la inmensa mayoría de los 32 participantes en el más prestigioso de los torneos de tenis optaron por esa posibilidad.

Así viven los dos grandes candidatos al título: partidos de fútbol por televisión, play-station y cocina para Rafael Nadal; familia, hijas y amigos para Roger Federer. "Realmente estoy muy cómodo aquí", aseguró el suizo, que por primera vez alquiló dos casas. Además del seis veces campeón de Wimbledon, su esposa y sus hijas gemelas, en las residencias se reparten los padres de Federer, sus dos entrenadores y unos cuantos amigos.

Lo del balear es más discreto, aunque tiene la ventaja de vivir a 30 metros del All England Club, al que llega caminando a diario e ingresa por la puerta 16 que da a Somerset Road. En la noche del sábado siguió la conquista del título del Europeo de fútbol de la selección española sub 21. Con él están, entre otros, su padre, su tío y entrenador, su fisioterapeuta... Nadal es hombre de costumbres sencillas y repetidas.

La pausa del domingo -otra particularidad de las muchas que hacen único a Wimbledon- sirve de corte tajante: detrás, aquellos que lucharon y sucumbieron; delante, aquellos que tienen derecho a soñar con el título, 16 hombres y 16 mujeres.

Mientras que las chicas ofrecen un circuito un tanto turbulento y sin una líder clara -las hermanas Williams, pese a sus intermitencias, siguen siendo las grandes candidatas al triunfo-, el torneo masculino apasiona por sus variantes y el buen estado de forma de los contrincantes: los cuatro grandes están a gran nivel, pero no pueden descuidarse.

En la parte superior del cuadro destaca el choque entre Nadal y el argentino Juan Martín del Potro en el tercer turno de la cancha central. El mallorquín considera un "muy buen jugador" y "muy peligroso" al sudamericano, que sueña tímidamente ante el choque con el número uno: "Si estoy bien con mi saque, esta superficie también puede ayudarme. Ojalá tenga un buen día". El ganador del duelo Nadal-Del Potro se medirá con el que sobreviva del choque entre el veterano estadounidense Mardy Fish y el checo Tomas Berdych, finalista en 2010.

Por la otra parte del cuadro aparece Andy Murray, la esperanza local para que el tenis británico salde la deuda que tiene con los Grand Slam desde que Fred Perry ganó el US Open de 1936. Su rival es dueño de uno de los golpes más lujuriosos del circuito, ese revés único que distingue al francés Richard Gasquet. A continuación, Feliciano López tendrá una gran oportunidad de hacer historia, porque su obstáculo es el polaco Lukasz Kubot. Dos veces cuartofinalista de Wimbledon, el toledano parece haber nacido para jugar sobre césped y Kubot no debería frenarlo. No nació para jugar sobre la hierba el otro español en liza, David Ferrer, pero allí estará hoy, en la cancha 3, enfrentándose a un jugador que vuelve a tomar fuerza y asusta con sus golpes planos y su talento como es el francés Jo-Wilfried Tsonga.

El ganador deberá medirse muy probablemente a Federer, que no debe tener demasiadas dificultades ante el ruso Mijail Youzhny, un hombre al que derrotó las diez veces que se vieron las caras. Llegando ya al extremo inferior del cuadro surge un dúctil veterano como el diminuto belga Xavier Malisse midiéndose a un talento que aún no termina de explotar, el australiano Bernard Tomic.

Por último, la zurda del francés Michael Llodra tampoco debería inquietar a Novak Djokovic, que ha salido vencedor en 46 de sus últimos 47 partidos. No es fácil lo del serbio. Wimbledon llega a sus días decisivos, y el balcánico es consciente de que el público, en su gran mayoría, desea ver un Nadal-Federer en la final, tal como sucedió en París. Si así fuera y el español ganara, volvería a ver frustrada su ambición de ser número uno.

Y no deja de ser lógico que se quiera ver una edición más del gran clásico del tenis: Federer se juega igualar a Pete Sampras como el único en ganar siete títulos en Londres en la era moderna del tenis, un triunfo que pondría un 17-10 a su favor en la carrera con Nadal por la mayor cantidad de títulos de Grand Slam. Pero el español quiere su tercer Wimbledon. Nadal no lo dice, pero no firma una final. Quiere más; lo quiere todo.

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