Rival para no perder la cabeza

  • El Celta es un equipo competitivo que mezcla jugadores con experiencia y jóvenes que basan su trabajo, y su éxito, en la rápida salida al contragolpe

Cuando se trata de analizar al rival, ignoro si de forma consciente o no,  por parte del scouting si tiende a encumbrar los rasgos estables del equipo observado, transmitiendo muchas veces a los jugadores propios que el contendiente que van a tener en frente es prácticamente imbatible.

En un momento como este, en el que los futbolistas de nuestro equipo se han ganado el derecho a convertirse en portadores de la ilusión de toda una ciudad por alcanzar el objetivo tan ansiado como dificultoso de ocupar un lugar en la Liga de las estrellas, jamás me perdonaría transmitir desde este amasijo de letras, el restar un ápice a esa anhelo colectivo que anida en nuestra ciudad.

Por ello, sé que nuestros delanteros, evitarán con sus intervenciones, que tanto Jonathan Vila como Catalá, hagan conectar sus pases, con el criterio que lo suelen manifestar, con sus centrocampistas. Es trascendental impedir que el inicio de la jugada por parte del equipo vigués, adquiera sentido desde las primeras relaciones. Además, el hecho de adquirir ventajas desde la propia línea de fondo queda facilitado porque últimamente los celestes alinean tres centrales.

Que nuestros jugadores exteriores impedirán  que los laterales Hugo Mallo y Roberto Lago aprovechen la ausencia de compañeros por delante de ellos para concebirse como extremos al uso, teniendo la osadía incluso de terminar sus concursos con el gol.

Que nuestros centrocampistas intervendrán para que tanto Bustos como López Garai, no encuentren tiempos para pensar la mejor opción, y que sobre todo serán conscientes de que tanto ni Michu como Trashorras o Borja Oubiña son los portadores de esa capacidad distintiva de los grandes jugadores: la de hacer mejores a los que tienen alrededor. pertenecen a esa estirpede peloteros que ordenan todo cuanto debe acontecer para merecer ganar.

Que nuestros defensores serán conscientes de que en sus espacios de intervención deberán convivir con David Abalo, Aspas, Álex López, Joan Tomás, De Lucas, jugadores que por si solos son capaces de condicionar un partido. Además, cuando interactúan resaltan de manera grupal las características que comparten, verticalidad, capacidad de desmarque, desborde,..., cualidades que se magnifican cuando el equipo contrario les otorga espacios.

Que en especial nuestros centrales, reconocerán en David Rodríguez a un delantero conocedor de los espacios a ocupar en sus penetraciones, dominador de todos los argumentos relacionados con la finalización y sabedor de que solo se requiere un contacto con el balón para hacer gol.

Que a nivel colectivo, los rojiblancos seguro que han asumido que los gallegos están versados en hacer determinante para sus intereses cualquier pérdida del equipo rival, que los jugadores de segunda línea son especialistas en la fase de contraataque y reconocen a la perfección el momento de ejecutarlo, así como desistir de esa primera opción y prolongar las posesiones en campo contrario dándose con ello el tiempo necesario para juntarse antes de volver a intentar el asalto.

En defensa, el devenir de la competición y la dinámica de malos resultados le han hecho reinventarse como un equipo de funcionamiento equilibrado, acumulando jugadores principalmente en la última línea defensiva, intentando evitar con ello que los rivales encuentren espacios diáfanos en las proximidades del guardameta Yoel.

Espero y deseo que el Celta, en su análisis del rival, haya apreciado a un Roberto inconmensurable, imbatible y que se erige con sus intervenciones en el primer atacante de su equipo. A unos centrales como Mainz e Iñigo López, dominadores de los lugares que ocupan, difíciles de desbordar y que se incorporan con mucho criterio en fase de ataque, principalmente en reanudaciones de juego. A dos laterales Nyom y Siqueira, que defienden bien y que reconocen los momentos y espacios para incorporarse con efectividad en ataque. A dos medios centros Mikel Rico y Abel Gómez, que combinan capacidad de recuperación con dominio de los ritmos del partido, además de doctos en el saque de acciones paradas. A dos jugadores exteriores, Dani Benítez y Collantes, cuyos nombres se asocian términos como verticalidad, regate, velocidad y finalización. A un jugador interior como Orellana, capaz de dinamitar un encuentro desde la habilidad y la creatividad, y un delantero como Ighalo que tras acumular minutos se parece cada vez más a sí mismo.

Por todas estas razones queremos ser optimistas. Que el azar sea favorable también depende, y mucho, de tener buenos jugadores. Y de eso estamos colmados.

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