Soltar la medalla para coger la copa... De balón

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Unos Mundiales son mucho más que un evento deportivo. Son juventud, diversión, ilusión y una experiencia enriquecedora. La conclusión de la que fue la última prueba nocturna de estos Campeonatos del Mundo de snowboard y esquí acrobático Sierra Nevada, la final de halfpipe, no conllevó el apagado de las torretas de luz de las pistas. Las pendientes de la estación de esquí han dejado una vista increíble estos días a la caída del sol y con la iluminación de las torretas. La candidez de los videomarcadores, que tampoco se apagan bajo la luz de la luna, han terminado de construir postales que, vistas desde Pradollano, quedarán en las retinas para los restos.

Al acabar las intensas jornadas de competición de estos doce días, en Pradollano se ha vivido el ambiente propio de lo que en la noche del sábado alguien acertó a referirlo como "un erasmus deportivo". Las luces tintineantes y de colores de las discotecas adquieren todo el protagonismo. En Pradollano son varios los locales que han hecho su agosto gracias a los Mundiales. Jueces, periodistas, aficionados y algunos deportistas que, de madrugada, sueltan las medallas para coger las copas. También los voluntarios, siempre dispuestos a echar un cable donde sea necesario.

El ambiente en estos días ha sido frenético, tanto por el día como por la noche. La sensación de una experiencia única ha inundado los corazones de todos los que, de una forma u otra, han trabajado o colaborado en el evento. Nadie ha querido perderse la oportunidad histórica de abrir camino también en lo social. Y es que Sierra Nevada 2017 ha sido una gran red social física en la que todo el mundo ha conocido las singularidades del otro. Culturas distintas que se acercan, profesiones diametralmente opuestas que dialogan, rivales que se divierten juntos y gente joven de todas las condiciones que aproveha que el Pisuerga pasa por el Valladolid para aprender idiomas.

Por qué no decirlo, también para ligar aprovechando la mezcla explosiva de juventud, alegria y celebración. Cuentan las malas lenguas que las fiestas de Pradollano son legendarias. Este redactor puede dar fe de ello. No importa cuántas escaleras haya que subir, desniveles que salvar o inclemencias meteorológicas que soportar. El bullicio es permanente, los pubs se atestan y el sonido de la música con gritos millennial ensordecedor. Porque si la marcha de Granada capital se sustenta en el ambiente universitario, la de Sierra Nevada está influida por el número de visitantes que frecuentan la estación.

Casi imposible es resistirse a tomar una copa cuando el compañero de fatigas de turno busca sacar del apalancamiento a quien comparte habitación. Casi imposible también es no querer hacerlo tras días de intensísimo trabajo. Las jornadas en Sierra Nevada han sido maratonianas. Para la mayoría han empezado muy pronto y han terminado demasiado tarde. A horas intempestivas que dan para tomar una cena rápida y despejarse antes de encarar otro día que promete ser tan exigente o más que el que le precede.

Ya no podrá ser. No al menos bajo el suflé de la cita mundialista, que tantos atractivos reúne. Porque en Sierra Nevada cuando cae la noche se forma la 'Mundial'. Ojalá no haya que esperar otros 21 años para volverlo a ver.

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