Utopía y realidad firman la paz en Los Cármenes

  • Los aficionados rojiblancos renovaron sus esperanzas ayer, por enésima vez

El Dicccionario de la Real Academia Española de la Lengua define utopía como "plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación". Ese mismo pensamiento es el que los más aferrados mantuvieron hace unas jornadas, cuando las opciones del Granada CF eran muy remotas tras la derrota ante el Lucena. El mismo escenario donde la utopía de clasificarse como cuarto clasificado hizo las paces ayer con la realidad de que sí es posible.

Lo es, sobre todo, por el empeño y por la suerte, esa en la que Cano apenas quiere confiar, aunque ayer reconoció que hace falta algo de azar para alcanzar el objetivo. Pues eso, que hasta Cano ha empezado a abrir su pensamiento y creer que también es posible, aunque para ello sabe que debe mantener a todo el mundo con los pies en el suelo y no en el aire. Ayer, más de uno, botó al ritmo de tambores y cánticos con el tercer tanto de su equipo. La ola volvió a hacer acto de presencia en un partido rojiblanco, las gradas se tiñeron de rojiblanco más que nunca.

Ayer era tarde de expectación -luego se transformó en decepción en el Palacio de los Deportes, aunque esa historia no va en esta página-. Aquí sólo toca hablar de que algunos parecían haberse tragado una percha, pues su sonrisa, la del buen seguidor rojiblanco, le durará durante unos días. No es para menos. Su equipo vuelve a tener serias opciones de clasificarse para los puestos de promoción.

Unos veinte jóvenes seguidores rojiblancos saltaron al césped para posar junto a los once protagonistas del duelo de ayer. El lesionado Jony, juvenil del Granada 74, hizo un merecido saque de honor ante más de 11.000 personas y las cámaras de Canal Sur en directo. Sólo faltaba que nada más comenzar, a las primeras de cambio, Zúñiga enviara al fondo de la red, con la ayuda de un jugador visitante, el primer gol de la tarde. "Que pite el final", decían los más pesimistas.

Pero aún quedaba tarde por delante. Y sufrimiento. Y goles. Y diversión. Y soñar. Y volver a ilusionarse. Ya lo dijo la novelista francesa André Maurois, que afirmó que "una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en el alma humana, está muy cerca de ser una realidad".

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