Vuelo de bronce

  • Regino Hernández rompe la sequía española en los Juegos de Invierno, en los que no se lograba una medalla desde 1992, con su tercer puesto en la disciplina boardercross de snowboard

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Vuelo de bronce

España rompió con una sequía de 26 años sin medallas olímpicas de invierno gracias al tercer puesto logrado por Regino Hernández en una de las pruebas más vertiginosas de los Juegos, el snowboard cross.

El rider español, nacido en Ceuta pero criado desde los dos años en Málaga, que apenas tenía siete meses cuando Blanca Fernández Ochoa logró la última presea para el medallero español en Albertville 1992, logró el bronce en una final en la que una vez más se impuso el francés Pierre Vaultier. En una de las pruebas más imprevisibles del programa olímpico, el galo estuvo cerca de quedarse fuera de combate en semifinales, pero el defensor del título y campeón mundial se rehizo de una caída y terminó tercero de su serie.

En la carrera decisiva en la que el podio estaba en juego, Vaultier impuso de nuevo su categoría y resultó inalcanzable para sus rivales. La segunda plaza fue para el australiano Jarryd Hughes, al que se le escapó por muy poco a Hernández. No le importó, sin embargo, perder la plata por un suspiro, pues cualquier color del metal era para España un éxito mayúsculo. Era la primera medalla desde el bronce de 1992 y la tercera en total en Juegos de Invierno, contando la del pionero Francisco Fernández Ochoa (hermano de Blanca) en Sapporo 1972.

Ambas medallas llegaron en el slalom de esquí alpino, en una época en la que surfear sobre una tabla sobre la nieve era impensable o cosa de excéntricos. Ayer, el snowboard cross, una espectacular modalidad en la que hasta seis riders compiten por ser el más rápido a lo largo de un circuito que incluye obstáculos, curvas peraltadas y vertiginosos saltos, es la principal fábrica de talento español. Otros dos, Lucas Eguibar y Laro Herrero, compitieron también en el circuito del Phoenix Snow Park, de 1.277 metros de longitud, con salida a 894 metros de altura, un desnivel de 228 metros y 23 módulos de saltos, curvas y otros obstáculos. Las temperaturas, por fortuna, fueron mucho más benignas que en días anteriores.

Eguibar, subcampeón mundial en 2017, partía como uno de los candidatos y estaba haciendo una buena bajada, pero se chocó con el italiano Omar Visintin (otro de los favoritos al podio) y se quedó fuera en cuartos de final. Herrero, por su parte, no supo adaptarse a los vuelos del circuito y terminó su serie de octavos de final último, cuando sólo los tres primeros avanzaban a cuartos de final.

Para Hernández, sin embargo, es todo lo contrario: los saltos son su elemento. "El aire es mi medio porque vengo del freestyle", explicó. El español, de 26 años, se sobrepuso a una primera ronda de octavos de final en la que se clasificó de manera muy ajustada en tercera posición. Por los pelos. Después, tanto en cuartos como en semifinales, aprovechó una de sus mejores cualidades, una rápida salida, para dominar la carrera, evitar las guerras por detrás y avanzar como primero de las series, lo que le devolvió la confianza en sus posibilidades para hacerse con un metal. En cuartos cruzó la meta en primera posición y sacó una expresión mezcla de rabia contenida y de alivio, que auguraba que estaba ante un gran día. Para mayor alegría de su técnico, el italiano Simone Malusa, que asumió el difícil reto de tomar las riendas del equipo estelar de la Rfedi unos meses después de la trágica desaparición de su predecesor, el barcelonés Israel Planas.

Un buen cuadro por su lado y la eliminación de otro favorito, el austriaco Alessandro Hämmerle, le dieron el empujón definitivo hasta el podio.

Llegó de tapado y se fue como medallista. Durante las últimas temporadas a la sombra de Eguibar (subcampeón mundial en Sierra Nevada, ganador de la Copa del Mundo hace tres temporadas y abanderado del equipo español en la ceremonia de apertura de Pyeongchang), Regino supo aprovechar la falta de presión en sus terceros Juegos para firmar la mejor actuación de su vida.

Se cumplieron los pronósticos y al que todos señalaban como el gran favorito ganó la prueba sin mayores problemas. Vaultier llegó a Corea del Sur como vigente campeón olímpico y mundial (el año pasado, a los pies del Pico Veleta). Además ganó las últimas dos Bolas de Cristal, en una competición, la Copa del Mundo, en la que tras triunfar de nuevo en Feldberg (Alemania) el primer fin de semana de este mes, aumentó a 22 su propio récord de victorias. Vaultier, de 30 años, ya marcó el mejor tiempo en la calificación. Y desde ese momento puso la directa. Así que, conocido el ganador casi de antemano, lo importante se iba cocer por detrás.

Regino no se arrugó en el portillón de salida y no dejó que los nervios se apoderaran de él en el momento más importante de su carrera deportiva. Teniendo en cuenta que Vaultier está en otra dimensión, de entre los terrenales sólo lo batió el australiano Jarryd Hugues, que funciona al margen de la federación de su país. Por detrás dejó a otros dos grandes campeones, el estadounidense Nick Baumgartner y el australiano Alex Pullin, cuarto y sexto, respectivamente, en una prueba en la que otro miembro del US Team, Nick Dierdorff acabó quinto.

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