Con la base de Primera

  • La plantilla mantuvo el esquema de la temporada anterior y el equipo titular, que Joseíto apenas retocó durante las treinta jornadas, conservaba siete futbolistas que participaron en el ascenso de Málaga

QUIZÁ fue en esta temporada 67-68 culminada con el éxito del ascenso cuando Joseíto comenzó a labrarse entre la afición rojiblanca la fama de 'cabezón', puesto que entre la alineación que abrió la Liga en Alicante y el que la cerró en Mallorca, ocho meses después, apenas hay variación: en la foto histórica no están ni Zubiaurre ni Gerardo, titulares hasta dos jornadas atrás -el primero, por lesión; el segundo, por decisión técnica- ni Miguel, que alternó con Ureña en el eje del ataque, ni Villalta, que cedió la banda derecha a Flores en la cuarta jornada.

Así, pues, la alineación de esta Liga es un clásico en la historia rojiblanca que puede ser declamada sin muchas posibilidades de equivocarse. Al decantarse por la base del once que jugó la recta final de la temporada anterior, Joseíto repetía un camino transitado por Eizaguirre que, en esencia, también se había decantado por los hombres básicos que alcanzaron el ascenso en La Rosaleda en 1966.

Ñito, despojado de la sombra de Otero que le había mantenido bajo sospecha gran parte de la temporada anterior, refrendó las actuaciones finales de esa Liga pasada y se constituyó en el referente del Granada bajo los palos que sería durante los ejercicios posteriores.

La defensa fue la línea que de salida presentaba las mayores dudas. Las lesiones de Tinas y Datzira obligaron a Joseíto a forzar un tándem central con Barrenechea y Barrachina y situar a Lorenzo, zurdo nato, en la banda derecha, devolviendo a la titularidad, por la izquierda, al veterano Zubiaurre. Los comienzos fueron titubeantes y alimentaron la sospecha, hasta el punto de que durante un par de jornadas se habló de refuerzos y entre los nombres que se barajaron sonó por primera vez como rojiblanco un hombre de futuro histórico en el club: Martos, de quien se dijo que el Granada gestionó sin éxito su cesión por el Atlético de Madrid. Pasados los primeros momentos de adaptación, los cuatro hombres se hicieron fuertes en sus puestos el resto de la Liga, hasta que a tres jornadas del final se lesionó Zubiaurre y su ausencia dio ocasión a que Tinas, con su habitual brega y entrega, recuperase la titularidad. La eficacia del tándem central dejó en blanco el año para Datzira, el defensa catalán y hombre más regular la temporada anterior.

En medio campo, Santos atravesaba el momento más brillante y creativo de su fútbol. Era un fijo y, tal vez, el paso por Segunda impidió una mayor proyección de su juego en el balompié nacional. Cuando faltó durante cinco jornadas, por lesión en Murcia, Ortega desplegó su juego sereno y de aplomo y el Granada funcionó sin resentirse por la ausencia del capitán. Como complemento de Santos, Joseíto apostó por Gerardo, a quien la directiva había dado el empujón definitivo en verano. El atarfeño no decepcionó: se posicionó como el jugador más sacrificado del equipo. El cuentakilómetros de sus botas estallaba jornada tras jornada en una labor oscura que no siempre la grada -ingrata por naturaleza con sus hijos futbolísticos- supo agradecer. El canterano sólo cedió el puesto en las dos jornadas finales, cuando entró Ferrando, un catalán cedido por el Español, que aportó fútbol cerebral y calidad en el centro del campo.

Para el ataque, Almagro estrenó posición. Hasta entonces, el futbolista granadino había deambulado por el centro del campo. Joseíto decidió que su técnica y regate serían más efectivos para el equipo como interior en punta y Almagro ofreció la mejor versión de su juego en esta temporada, con goles en llegada desde la segunda línea y, también, sentido y temple para estar en el sitio justo en el momento adecuado. Almagro fue el enlace entre la avanzada y el medio campo y complemento a los arietes: Miguel, que empezó la temporada, todo fuerza y y lucha, un 'pichichi' a la antigua usanza, y Ureña, la revelación. Un delantero rápido, que entraba decidido por las bandas y era oportunista para alojar en meta con un segundo de anticipación los balones sueltos en el área. Con ellos empezó Villalta, titular en la banda derecha, en una posición de partida desde el centro del campo, 'importada' del Mundial de Londres y que desarrollaba el portugués Coluna en el Benfica. Pronto Joseíto optó por Flores, a quien otorgó movilidad geográfica y funcional por toda la delantera y el extremo sevillano reforzó con su entrega el cariño que siempre le profesó la afición rojiblanca.

Y Vicente... Clase, técnica, rapidez, sentido moderno del fútbol... Un lujo para el Granada. Un futbolista '10' con el '11' a la espalda. Ese bello toque final en el juego que emanaba de sus botas y que explica por sí mismo por qué el fútbol eterno se juega en espacios de cien metros cuadrados.

Ese Granada que 40 años atrás ascendió a los cielos de Primera. Mayo del 68 en el mes de abril...

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