Granada cf | barcelona b · el otro partido

No caben tantos corazones

  • El estadio se queda pequeño pese a que un rato antes del inicio del choque hubiera mucha más gente fuera que dentro · El fenómeno de los reventas florecerá en próximas citas si el equipo mantiene el nivel

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Veinte minutos antes del inicio del partido, mientras los equipos calentaban sobre el resabaladizo césped municipal y Luis Enrique prefería velar armas recluido en la zona de vestuarios, nadie diría que el estadio se fuera a llenar. A la hora que en España está la mayoría de la población almorzando -y más un sábado- o terminando de saborear el café de la sobremesa, los asientos rosas de las gradas sobresalían en la panorámica del coliseo. Sin embargo, las entradas para el espectáculo llevaban varias horas agotadas, las taquillas no disponían de papel y pese a ello decenas de aficionados se afanaban en preguntar, repreguntar, buscar un cartel que anunciara el 'no hay billetes' y alguno hasta escudriñar por si había algún reventa dispuesto a ganarse unas pocas perras. Vendrán pronto, que nadie lo dude, si esto sigue así. Fueron cientos los que ayer se fueron enfurruñados y maldiciendo la hora en que decidieron ir al fútbol para toparse con el 'vuelva usted mañana'.

A 30 minutos del arranque, cuando quien suscribe estas líneas subía en el ascensor de la zona de prensa hacia la última planta de la tribuna principal, un miembro del organigrama técnico de Luis Enrique, identificado con el chándal del Barcelona, se sorprendía ante la revelación que otro acompañante de ascensión le acaba de realizar. "¿De verdad se va a llenar el estadio? No fastidies". El culé, probablemente encargado del visionado del partido desde la parte alta del estadio, no daba crédito a que estuviera todo vendido para la visita de los cachorros barcelonistas. Muchos de ellos jugaron ayer ante más gente que nunca en su carrera. Y eso, por mucho escudo culé que se lleve en el pecho, pesa mucho.

Y, en efecto, el estadio se llenó hasta los topes, pese a que la hora del partido invitara más a seguir la calificación de Alonso por la tele, o mismamente a disfrutar del encuentro desde la pequeña pantalla, pues el de ayer también era televisado. El Granada está de moda.

Pero nada hubo que frenara el entusiasmo con el que el público se reencontró con su equipo. El tirón del Barça B, demostrado quedó, es muy grande, seguramente por las ganas que hay de ver a los grandes de verdad bajando por estos lares, pero lo es mucho más el que genera el propio Granada. Y cada vez más.

Con el partido ya remontado, rubricada la demostración de poderío y con los puntos en la buchaca, el respetable encaró los vomitorios con la sensación de que este año sí puede ser el bueno de verdad, que la puerta a un paraíso que se le niega a la ciudad desde hace demasiados años está entreabierta. Mientras, lejos de las miradas del pueblo, en la intimidad de las entrañas del estadio, Fabri, Javi García y David 'Peki' se fundián en un emotivo abrazo. Y dentro de él, miles de corazones que, en vez de sangre, no paran de bombear ilusión.

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