El detalle rompe el partido

  • Igualados en planteamiento táctico, Herrera gana en valentía a Fabri al cambiar su tridente ofensivo, lo que le da el triunfo y castiga en exceso el buen trabajo del Granada

Fabri lo venía advirtiendo. Desde que se supo que el Granada iba a jugar la fase de ascenso a Primera, el de Santa Comba insistía en que los pequeños detalles son los que deciden este tipo de eliminatorias. Ayer en Balaídos, un matiz, un mínimo desequilibrio, elevó el 1-0 a lo alto del marcador. Porque tácticamente la batalla se cerró en tablas.

Riesgo

Ese fue el punto en el que se marcó la diferencia entre Celta y Granada. Paco Herrera cambió el tridente titular ante el asombro de propios y extraños. Sin David Rodríguez, Trashorras y De Lucas, y con el partido oscilando a rojiblanco en la segunda parte, la idea del técnico celtiña le otorgó el triunfo. La entrada de Iago Aspas, Dani Abalo y Michu creó muchos problemas a la zaga del Granada, buscando el rechace y encontrando rebotes. En una jugada así Aspas dio con el hueco para que Michu marcase a placer. Nyom dormía.

Sin revulsivo

Situación que chocó frontalmente con la lentitud de Fabri en refrescar al equipo y dotarle de alternativas. Las entradas de Calvo y Óscar Pérez en los minutos 89' y 91' si tenían carácter revulsivo el propio entrenador lo anuló al tardar tanto en darles la alternativa. Daba la impresión de que el lucense no quería encajar más goles y conservar el 1-0.

A fuego lento

El Granada le cedió la manija del partido al Celta y los vigueses trataron de cocinarse a los rojiblancos al baño María. Se basaban en la movilidad de sus tres puñales, acompañados por Bustos y López Garai. Apoyos cortos entre la cerrazón granadina, que tenían como objeto asegurar la pelota, que los de Fabri no contragolpearan y, sobre todo, hallar una ruptura de David Rodríguez, pegado a Mainz e Íñigo López. Fue el peligro céltico.

Aislado

Con Geijo sufriendo en casa, por Ighalo pasaba el peligro del Granada. El nigeriano hizo el partido que tenía que hacer: en la primera mitad renunciando casi a atacar para desfondarse tras la pelota y ayudando a la línea de cuatro que formaron Abel, Rico, Orellana y Benítez. Tanto fue así que algunas veces caía a banda para servir de descarga a los carrileros, que en sus escasos centros no encontraron al delantero.

Bandas descubiertas

Lo que funcionó a las mil maravillas fue el entramado defensivo del Granada. Le faltó muy poco para dejar la portería a cero. Íñigo López y Mainz volvieron a ser el cerrojo perfecto, los encargados de tapar los espacios que dejaban Nyom y Siqueira cuando acompañaban el ataque. Sobre todo del francés. En la primera mitad le tomaron la espalda varias ocasiones y en la segunda, con el parisino decidido a correr su banda, los vigueses hallaron el maná. El cierre que nunca llegó en el gol.

Control granadinista

El Celta bajó el pistón. Fue más lento a la hora de tocar la pelota y al Granada le fue más fácil defender, recuperar y construir el ataque. Sin variar el planteamiento, sólo adelantando un poco más las líneas, los de Fabri tomaron el mando, sumaron ocasiones y merecieron marcar más que los locales. El equipo celeste buscó su otra arma: la contra.

Paso adelante

Abel Gómez se desligó de sus tareas defensivas, liberado porque Rico las asumió y Lucena alquiló otro pulmón para aguantar el palizón físico. El serrano sembró algunas dudas en los locales. Con el bajón de Trashorras y la escasa aportación de David Rodríguez y De Lucas en la segunda parte, le dieron a los rojiblancos el poder. El Granada ganó presencia en la línea de tres cuartos de campo del Celta... pero en ese momento de notó que no estaba Geijo. No por cosa de Ighalo, sino porque el suizo fija mejor a los centrales que el nigeriano. Faltó el gol, que hubiera sido lo más justo en el resultado final.

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