El gran día de Feliciano

  • El toledano logra la machada de dejar fuera del torneo londinense a Andy Roddick tras un encuentro de gran brillo · "Recuerdo pocos partidos jugando así", admite

Ayer fue el gran día que Feliciano López venía esperando desde hacía tiempo en un gran escenario como el All England Club, en el que se coló en los octavos de final de Wimbledon al derrotar al estadounidense Andy Roddick por 7-6 (7-2), 7-6 (7-2) y 6-4.

Por la mañana, su entrenador, Alberto Berasategui, le preparó una inusual tortilla de queso. Al mediodía, minutos antes del partido, un ex jugador, el estadounidense Justin Gimelstob, ironizó sobre el español en un almuerzo en la zona VIP de Wimbledon: si se mirara menos al espejo sería mejor tenista, dijo. Berasategui, que en su vida había preparado una tortilla, dice que ahora le hará una cada mañana a López en la casa que comparten en el idílico Wimbledon Village. Y Gimelstob, íntimo amigo de Andy Roddick, el hombre derrotado ayer por Feliciano, buscó una manera elegante de dar marcha atrás.

"Creo que Feliciano es un gran jugador, pero es cierto que le encanta mirarse en el espejo. Y está bien que lo haga, es un hombre muy atractivo", dijo el estadounidense.

"Jugué un partido increíble", reconoció el toledano ante un rival que lo había derrotado las siete veces que se habían enfrentado, la última dos semanas atrás en Queen's, en un partido que tenía casi ganado. "Por juego lo sitúo en el top five de mi carrera. Y por importancia, seguro que en el top ten. Hay pocos partidos en los que recuerdo haber jugado todo el rato igual de bien", explicó el número 44 del mundo, un hombre nacido para el césped al que Wimbledon lo motiva como a pocos.

"Sirvió a un nivel que casi nadie lo hace. Jugó un partido extraordinario", certificó Roddick, décimo del ránking que disputó tres veces la final de Londres para caer siempre con el suizo Roger Federer. Los 28 aces, 57 golpes ganadores y apenas ocho errores no forzados son una parte de la explicación del éxito del español, que tiene su tope en este torneo en los cuartos de final. El tenis, sin embargo, no es sólo cifras, se necesita algo más que algún aces para ganar. De lo contrario en Queen's hubiese batido a Roddick porque aquella tarde logró 35 saques directos. Sin embargo, perdió. Hoy ganó, y Alberto Berasategui, su entrenador, intentó explicar por qué a los 29 años Feliciano insinúa la madurez de un buen vino. "Le pedí que jugara valiente, porque él sabe que le puede ganar a cualquiera en esta pista. Necesita regularidad y no venirse abajo en los partidos". La unión entre ambos es curiosa, porque pocos tenistas son más opuestos: López, zurdo, clásico, ofensivo y amante de las superficies rápidas. Berasategui, en sus tiempos, diestro, anclado al fondo y adicto a la arcilla.

Pero la combinación nacida en mayo de este año funciona. Feliciano dice que nunca jugó tan bien en tierra como este año, y en Wimbledon las perspectivas se abren.

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