Se fueron a la guerra...

  • volvieron como héroes Alegría La afición granadinista recibe a los artífices del ascenso con 12.000 espectadores en el estadio de Los Cármenes, el lugar donde se cocinó el éxito

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Apoteósico, sublime, impresionante e imborrable. Así se puede calificar el recibimiento que le hizo la afición del Granada a su plantilla de jugadores tras el histórico ascenso conseguido el pasado sábado en Elche. Treinta y cinco años de espera han hecho que Granada se vuelque una vez más con su equipo, aunque en esta ocasión, la ilusión por jugar en la Liga de las Estrellas provocó que media ciudad se echara a la calle para recibir a sus ídolos.

La fiesta comenzó pasadas las ocho de la tarde con la salida al césped de la plantilla, directiva, trabajadores del club y demás colaboradores de la entidad. Con el sector B cerrado, los aficionados abarrotaron los fondos y la tribuna por lo que se puede considerar que fueron unos 12.000 los aficionados rojiblancos que quisieron recibir a su equipo en su hábitat natural.

Uno a uno fueron desfilando los jugadores por orden de numeración, llevándose las mejores ovaciones Collantes, Roberto, y sobre todo Ighalo- que saltó al terreno de juego con su hijo Daniel- Lucena y Álex Geijo. Ataviados con banderas, bufandas y pintadas las caras, fue Fabián Orellana el que sorprendió a los asistentes con la camiseta y bandera de la selección chilena, pintado de payaso y con la nariz que ha puesto de moda Dani Benítez en la celebración de varios goles. Aunque si alguien destacó por estar completamente desatado ese fue Jonathan Mensah. El ghanés no paró de hacer bromas al resto de futbolistas, realizar bailes africanos y arrancar la sonrisa a sus compañeros gracias a su carácter extrovertido. Aunque el momento más emotivo fue cuando seguidores y plantilla cantaron el himno del 80 aniversario, cada vez más arraigado entre los más fieles.

Tan sólo hablaron (y cantó) Pina, que fue interrumpido en varias ocasiones y se le vio visiblemente emocionado, y Fabri, que saltó al verde de Los Cármenes haciendo el gesto de ánimo con el puño cerrado que se ha malinterpretado en Elche y que fue motivo de polémica en el Martínez Valero.

Pero lo mejor estaba por llegar. A las 21:15 horas partió la comitiva recorriendo los poco más de tres kilómetros que separan el estadio de la Plaza del Carmen. Con un capote presidiendo el autobús preparado para la ocasión, la música y la alegría predominó en una fiesta de la que hicieron partícipes a los aproximadamente 50.000 granadinos que, según fuentes de la policía local de la capital, se echaron a la calle para reconocer el mérito de un equipo que va a pasar de jugar en Sangonera la Verde a hacerlo en el Camp Nou en poco más de un año.

Conscientes de que la fiesta estaba en el centro de la ciudad, fueron muchos los rojiblancos que hicieron junto al autobús el trayecto hasta el Ayuntamiento. La alta temperatura hizo que los más revoltosos de la plantilla como Dani Benítez o Geijo bañaran a los granadinos que aplaudían a sus héroes. Pocos seguidores había en el trayecto que no llevaran un distintivo rojiblanco, incluido multitud de extranjeros que no quisieron perderse la fiesta y que se encontraron de repente con una fiesta que no esperaban pero a la que se integraron como uno más. Pero fue al llegar al Paseo del Violón cuando se desató la locura. La afición se congregó en los aledaños de la Fuente de las Batallas, donde el ambiente fue in cresciendo a medida que el equipo se acercaba a la Plaza del Carmen. Hasta que se enfiló la calle Reyes Católicos, donde el Consistorio granadino le tenía preparada una sorpresa a la entidad rojiblanca. En el momento en el que el autobús se acercó a dicha vía, las luces instaladas con motivo de las Fiestas del Corpus se encendieron para sorpresa de los miles de granadinos que aguardaban a su equipo en, como diría Lorenzo Sanz, la plaza del pueblo.

A partir de ahí la adrenalina de los jugadores de Fabri subió como la espuma, siendo el nombre de Ighalo el más coreado tras el extraordinario gol que sirvió para lograr el quinto ascenso a Primera División. Con pelucas, saludando a todos aquellos que lo requerían y sin negarse a hacerse fotos, una bengala roja anunciaba el fin de un trayecto que difícilmente se le olvidará a la gran mayoría del plantel que ha devuelto al Granada CF a estar entre los 20 mejores equipos del país. Fue, sin duda, un baño de masas repleto de sentimiento rojiblanco.

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