Cinco horas con Marsá

  • El que no le conozca no sabe que no tiene ni coche, ni móvil

Carlos Marsá viajó a El Ferrol trajeado, con el nudo de la corbata algo torcido y sólo con un paraguas y un abrigo como equipaje. Tenía el billete de avión, sí, pero a su llegada a La Coruña, ciudad separada por unos 35 minutos en coche de Ferrol, nadie le esperaba, no tenía nada preparado para desplazarse hasta el lugar donde se disputaba el partido. Ni le preocupaba. Dice el presidente y dueño del Granada 74 que hoy en día es muy fácil moverse por España, que siempre hay autobuses para subirse, y taxisý Los padres de Ruz, que viajaron a ver en acción a su hijo en el mismo avión que el presidente, se ofrecieron para llevar a Marsá. El que no conozca al dirigente quizá desconozca que no tiene coche ni carné, que tampoco usa móvil, y que lejos de disfrutar de prolongados descansos vacacionales, su vida gira en torno a lo que se podría considerar sus hijos, todos los niños que pertenecen a sus clubes y sus categorías inferiores, que en realidad, y de ello ejerce en mil y una situaciones, son sus verdaderos hijos. Cinco horas con Marsá, que al final fueron varias más, dan para mucho. Seguramente para conocer más de cerca al padre de todo este embrollo, ese al que un día se le ocurrió que sería el primero en hacer algo que hasta ese momento nadie había osado ni pensar. El mismo 'Quijote' que se se plantó con su verdad frente a la mismísima FIFA, recurrir a la más alta instancia judicial deportiva para que le dieran la razón es el que no vive si no llama a Luis Navarro para preguntarle cómo ha quedado el filial de Tercera División, o a Antonio Álvarez para consultarle cómo van los infantiles o cómo ha quedado el otro equipo 'mimado' de Marsá, el División de Honor Juvenil; aunque en unas horas el primer equipo se juegue estar más cerca de las estrellas. El de las querellas contra todo y contra todos también es Marsá. Y el del paraguas como único equipaje. Ese y muchos más.

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