Un merodeador con escaso peligro arriba

  • El Granada llega 42 veces al área rival, pero crea pocas ocasiones

Un mirón. El gol se ha convertido en un misterio para un Granada que espía al rival desde su ventana indiscreta, aunque le falta sagacidad para destapar las vergüenzas de los rivales. Decía Hitchcock que el suspense es imaginarse a un hombre sentado un sofá, en cuya parte de abajo tiene una bomba a punto de estallar y, mientras él lo ignora, todo el público lo sabe. Un concepto que tiene muy poco que ver con un conjunto rojiblanco, que si hace cinco días llegó 35 veces al área del Real Zaragoza, ayer batió su récord con 42 acercamientos a la del Espanyol. Eso sí, en el partido de Copa sí le dio un toque de intriga al encuentro con las claras ocasiones que desbarató Leo Franco, mientras que ayer Cristián Álvarez vivió un partido relativamente tranquilo, con nueve intervenciones sencillas.

Uno de los grandes problemas de los de Anquela es que adolecen de falta de mala leche. "Todo lo que necesitas es odio", cantaban los escoceses 'The Delgados', aunque parece que al Granada no le va mucho esta copla, ya que de los 23 disparos que realizó en sus 42 llegadas al área españolista la mayoría tuvieron muy poca intención o ninguna. De hecho, de los ocho que remató entre los tres palos sólo un par fueron peligrosos. La galbana rojiblanca contrarresta con un colista Espanyol que, pese a que dejó una imagen pobre en su paso por Los Cármenes, fue el protagonista de las ocasiones más claras con sólo once llegadas al área granadinista y diez disparos, dos de ellos a meta. Y si no que se lo digan a Toño, que con sus seis intervenciones portentosas fue el héroe del Granada por enésima vez en la temporada.

Algo que debería hacerse mirar el cuerpo técnico rojiblanco es el balón parado. En el choque frente al Zaragoza se aprovechó con el gol de Mainz, pero ayer se botaron once saques de esquina sin consecuencias. Cuando el que los lanza es Benítez si se compromete más a las defensas contrarias, mientras que con Torje de especialista tienen pocas dificultades para despejar. Las comparaciones son odiosas, pero lo cierto es que un moribundo Espanyol estuvo a punto de marcar en sus dos saques de esquina a favor.

Aunque en juego había mucho más que tres puntos por enfrentarse los dos últimos de la Liga, tampoco fue un encuentro especialmente intenso ni agresivo, excepto por las 'idas de olla' de Wakaso y Benítez por uno y otro bando. El conjunto catalán sí recurrió al juego táctico para frenar al Granada y la prueba es que cometió 22 faltas por las 14 de los rojiblancos. La reiteración de los futbolistas blanquiazules tuvo su consecuencia con las cuatro tarjetas amarillas que enseñó Ayza Gámez a los de Javier Aguirre. El dato curioso es que al equipo rojiblanco no le sacaron ninguna amonestación. Hasta un aspecto positivo como este podría ser tomado como una muestra más de su gran indolencia.

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