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Nada tiene pies ni cabeza

  • El Betis despide el curso dando muestras de un desequilibrio y falta de control del juego alarmantes · Nogués empeora un mal once al cambiar talento por fuerza

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Nada tiene pies ni cabeza en este Betis pergeñado por Lopera. Manuel Ruiz de Lopera, que ayer no saltó al campo, no, pero que ha ido poniendo piedra tras piedra hasta hundir al club y al equipo en la miseria. Él se ha rodeado de mediocres, sólo él, porque tiene poder absoluto en este club, y ha confeccionado un equipo de trabajo de perdedores, con una secretaría técnica que no da la talla, con entrenadores que tampoco la han dado y con unos futbolistas sin carácter ni categoría para vestir la camiseta verdiblanca.

A la hora de la verdad, el dinero no gana partidos, sí la planificación, la adopción de unas líneas maestras y ese sinfín de cosas que al mandamás verdiblanco le suenan a chino pero que son decisivas y necesarias.

El Betis de ayer, el que empató frente al Valladolid, fue una calcomanía de todos los anteriores, sólo que con más ganas. Su desequilibrio fue latente desde los primeros instantes: necesita un mundo para marcar un gol y nada para concederlo. Así sólo hay un camino: la Segunda División.

Defensa

Apenas concedió ocasiones, pero nunca es contundente. Un fallo de Fernando Vega al sacar mal de banda originó un contraataque ruinoso para la suerte de los verdiblancos. Toda la defensa se quedó a traspié, Nelson no acudió a tapar y el gol del Valladolid asomó en su primera ocasión de peligro. Luego, en algún contraataque, Goitom pudo incluso haber hecho alguno más, una vez que Rivera, soberbio por su desgaste físico, se quedó solo en el centro del campo.

Ataque

Ni puede uno obligarse a marcar un gol en el minuto veinte ni, mucho menos, pregonarlo. El planteamiento del Betis, en tarde de calor africano, fue sencillamente inapropiado. Las prisas aturullaron las mentes de los futbolistas y, pese a ciertas ocasiones de gol, el Betis se fundió antes de la media hora.

Prueba de ello es que el gol llegó en una jugada trenzada al inicio de la segunda parte cuando la sangre aún regaba el cerebro de los delanteros. Los cuatro atacantes participaron en la combinación ganadora. Luego, Nogués fue introduciendo fuerza en lugar de talento, el equipo se partió en dos y la impotencia se apoderó de él con crueldad.

Virtudes

Las ocasiones de gol, dos tiros al palo incluidos.

Talón de aquiles

El once inicial, sin Emana ni Melli, y los cambios a peor.

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