Una tarde de emociones fuertes, de inicio a fin

  • Los jugadores pasan de la alegría a la tensión tras ganar

El partido comenzó media hora antes de lo que es costumbre, pues los ceutíes pidieron empezar a las cuatro y media, o de lo contario perderían el barco de regreso... Quizás por eso no asistieran tantos aficionados como suele ser habitual, aunque fueron más que en el último partido.

Antes de que salieran los jugadores al campo, la parroquia rojiblanca mostró una pancarta con un mensaje claro: "Una ciudad, una historia, un equipo". Ya se sabe que la situación que está viviendo actualmente el club rojiblanco no es precisamente de tranquilidad, lo que motivó que cuando el equipo salió al cesped la afición se pusiera en pie y no dejara de apoyarlos hasta el final.

El primer gol llegó para los ceutíes (min. 10), pero eso no supuso decepción para el público asistente, ya que un minuto después Altuna anotó el gol de la esperanza. En ese momento todo el estadio se puso en pie, a gritos de ¡Granada campeón!

El público animó mucho al equipo, pero también fue duro y exigió que se jugara bien. Así lo hicieron, sacando adelante un partido que, según comentaban en la grada, no parecía de Segunda B, sino de superior categoría. El que no ayudó mucho fue el árbitro, al que no paraban de gritarle "tonto".

En la segunda parte, a medida que pasaban los minutos, la gente se iba enfriando hasta que Fonseca, no muy aclamado en el estadio en toda la tarde, metió su primer gol de la temporada. De nuevo se pusieron en pie animando al equipo rojiblanco. Pero el ambiente empezó a caldearse tanto que la tensión llegó también a los banquillos, donde los entrenadodres empezaron a vocearse, cosa que el árbitro sancionó, echándolos a los dos del terreno de juego. Esto fue un duro golpe para la afición, que necesitaba más que nunca que Braojos estuviera con los jugadores para seguir haciendo un buen fútbol. Cuando terminó el partido, con la victoria del Granada CF, todo el estadio se puso en pie, aplaudiendo al equipo y abucheando al visitante.

Hasta aquí todo bien, si no fuera por la que se montó en la puerta de entrada de jugadores y directivos. Un aficionado se sentó en el lugar de la salida para impedir que los dirigentes abandonaran el estadio sin antes pagarle a los jugadores. Finalmente este seguidor y la plantilla se fueron contentos a casa, unos porque cobraron y otro... porque pagaron.

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