Una verdadera carrera 'de fondo'

  • La Alhambra y los barrios más pintorescos de Granada colorean el gris plomizo de una mañana lluviosa

Pocas pruebas atléticas en el mundo pueden presumir de tener el pistoletazo de salida bajo la mirada penetrante de la Alhambra para, posteriormente, recorrer el Albaicín, el Sacromonte y el Realejo antes de fenecer de nuevo en el Paseo de los Tristes. Por eso la Carrera Solidaria Andrés Manjón es especial. Y quizás por eso, la organización de la que ya es una clásica entre las citas de fondo del calendario granadino se afana en recordar que esta carrera es la más bonita del mundo.

Esa tríada cargada de embrujo que forman los tres barrios con más solera y encanto de la capital vio ayer una nueva edición, y van cinco, de una carrera dura pero que, según cuentan todos aquellos que la corren, "merece la pena". Así lo aseguraba, por ejemplo, Alejandro Domingo; corredor en la categoría Veteranos A que demostró estar en buenas condiciones físicas: La carrera es casi tan dura como la de las Dos Colinas, el esfuerzo es tremendo en las cuestas pero el ambiente y las vistas son un privilegio", resume este incondicional hincha del Real Zaragoza afincado en Granada desde hace años.

La belleza del recorrido es el verdadero premio para la mayor parte de quienes participan

No la del equipo maño, que está enrachado, pero sí la zamarra o equipación de entrenamientos del Granada CF -que anda algo más estancado- se pudo ver sobre los cuerpos de algunos de los atletas. No en el de Alberto Lara, el 'fisio' del primer equipo rojiblanco; que se acercó hasta el Paseo de Andrés Manjón (nombre real del Paseo de los Tristes) para tomar parte en la prueba. Las caras de cansancio abundaban a la llegada. En todas las categorías. Y es que los distintos circuitos de la prueba la conforman como una buena opción de hacer deporte en familia. El más corto, de 190 metros, para las categorías prebenjamín, nacidos en 2011 y 2012; pitufo, 2013 y 2014, y mini pitufo, 2015. Esta circunstancia propiciaba que, ya desde la Gran Vía aparecieran los primeros corredores adultos acompañando a los más peques de la casa en un calentamiento previo muy tempranero.

A diez euros el dorsal para competir, y con un buen número de inscritos solidarios (sin posibilidad de participar), seguro que se recaudó un buen pico para financiar proyectos sociales con la mediación de la Fundación Patronato Avemariano. Pero por si acaso el merchandising y las huchas de solidaridad portadas por los voluntarios también contribuyeron a aumentar la caja de fraternidad en una verdadera fiesta del deporte que ni siquiera la lluvia pudo aguar.

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