"Deberíamos llegar a un gran acuerdo social y económico antes del verano"

  • El líder de CCOO no nota en la calle la urgencia de una huelga general, aunque admite que "el tiempo del Gobierno se acaba" · Detecta un cambio de actitud en la CEOE y ve indicios de un diálogo más fructífero

Ignacio Fernández Toxo (Ferrol, 1952) es uno de esos hombres tímidos que inspiran confianza. Un tono pausado y un rostro impenetrable evidencian no sólo su cuna gallega sino también una agradable predisposición al debate, que recorre sin sobresaltos las estaciones clave de esta formidable crisis.

-Determinados sectores les reprochan cierta condescendencia con un Gobierno que en términos de destrucción de empleo no está mejor que los de González o Aznar. ¿Tanto confían en Zapatero?

-Confianza la justa. No noto esa urgencia de la huelga en la opinión pública. González se llevó tres que obedecieron al mismo patrón, un ataque a los trabajadores con reformas laborales de calado. Con Aznar fue igual. ¿Por qué no hay huelga? Porque el compromiso con la protección y el diálogo social se cumple. Quienes nos invitan a hacerla piensan que así se puede crear empleo. Difiero. Prefiero darle una oportunidad al diálogo social.

-¿La cifra de parados es determinante o se aleja del fondo de la cuestión?

-Cinco millones de parados indicarían que no se está haciendo lo que se debe hacer desde el Gobierno, las empresas y los sindicatos. Es posible frenar la destrucción de empleo y por eso hemos diseñado un plan de choque, aunque admito que, con cinco millones, habría que buscar otras vías para que la cosa cambie.

-Quizás le parezca una lectura extremista, pero, ¿no han perdido ya sus derechos cuatro millones de parados?

-La red de protección social se nos ha quedado corta. Caen las cotizaciones sociales y crecen las personas que necesitan protección. Zapatero se comprometió a buscar los mecanismos para que la gente no sufra la exclusión social. Si esto se materializa rápidamente, estaremos cumpliendo como sindicatos.

-¿Dónde pueden ceder los sindicatos para que el mercado laboral se adapte ya a las circunstancias?

-No es un problema de cesiones sino de enfoques. Aquí se han querido atajar las crisis con reformas laborales. La crisis es una excusa. Nuestro marco de relaciones laborales es demasiado flexible y por eso destruimos empleo a mucha más velocidad. La economía española ha caído un 3% y la alemana un 6,9%, pero tenemos el doble de tasa de paro que ellos. ¿Por qué? Por un modelo productivo que genera muchos empleos de bajísima calidad en la fase de crecimiento y los destruye igual de rápido cuando el ciclo decae. Tenemos un 30% de media de contratación temporal. En España no hace falta despedir; con no renovar los contratos la gente se queda en la calle. Quienes reclaman una equiparación del contrato fijo y temporal sólo lograrían que se destruya más empleo.

-En España es baratísimo despedir a un trabajador temporal, pero los indefinidos tienen una de las indemnizaciones más altas de Europa.

-Se puede mantener el listón de los 45 días por año trabajado y subir el tope de los temporales, aunque no creo que sea la salida. Hay que establecer controles de legalidad que impidan las tropelías que se cometen con la contratación temporal. En una economía como la española es antiproductivo mantener tanta temporalidad cuando la actividad de las empresas es estable. No es un problema de cuantía indemnizatoria. El despido asociado a 45 días de indemnización se aplica cuando un juez dice que la empresa echa injustamente a un trabajador. Los 45 días se utilizan como cortina de humo para encubrir el gran objetivo de que el trabajador dependa sólo de la decisión del empresario.

-Carbonero, su homólogo andaluz en CCOO, dice que la inspección laboral casi ha desaparecido.

-Está bajo mínimos. Tenemos el ratio de inspectores de trabajo más bajo de la UE. Las multas por infringir las normas laborales son ridículas. Es barato defraudar en la contratación, la salud, la seguridad… ese relajamiento está en la base de esta crisis.

-¿Qué hacemos con las pensiones?

-No hace falta subir la edad de jubilación, entre otras cuestiones porque retirarse a los 65 años no es obligatorio. Hemos construido un sistema flexible que permite anticipar con penalizaciones la edad de jubilación en determinadas circunstancias y prolongarla en otras por encima de los 65. Pero no todo el mundo puede permitírselo. Es bueno que la edad real de jubilación (63,5 años) se acerque a los 65, pero a la vez habría que pensar salidas para sectores donde es un disparate que gente con más de 60 años siga trabajando.

-Las relaciones con la patronal llevan meses atascadas. ¿Es Díaz Ferrán el problema?

-Casi nunca suele ser un problema de personas aunque a veces éstas marquen los procesos. Detecto un cambio de actitud en la CEOE. Ya no se escuchan algunos discursos estridentes y hay indicios de que podemos entrar en un diálogo más fructífero. Más allá de las diferencias, tenemos que esforzarnos para ofrecer un cuadro de medidas antes de que sea tarde. Deberíamos ir a un gran acuerdo social y económico antes del verano.

-Un gran empresario andaluz me comentaba hace semanas lo injusto de la dicotomía trabajador-patrón. "Yo también soy trabajador", se quejaba.

-Más motivos de queja tiene otra mucha gente anónima sin capacidad de influencia. El empresariado no está maltratado. En los últimos tiempos, casi todo han sido medidas destinadas a favorecerles. No digo que no sea necesario hacerlo, pero no vale sólo con llorar, hay que arrimar el hombro.

-Zapatero planteó tiempo atrás una jornada laboral por fin equiparada a la europea.

-La entrada masiva de las mujeres al mundo del trabajo ha cambiado las necesidades de las familias. Se ha degradado la organización del trabajo por la prolongación excesiva de las jornadas; la movilidad laboral es costosísima en las grandes y medias ciudades. Esto está en la base del diferencial de absentismo que tenemos en España. Es crucial racionalizar la jornada. Se da además la circunstancia de que los calendarios laborales los definen casi exclusivamente los empresarios a su libre albedrío.

-Desgráneme su propuesta de reforma fiscal.

-La presión fiscal en España, que ya era la más baja del entorno, ha caído 4,8 puntos. Las políticas fiscales que se han aplicado, además de injustas, han reducido los márgenes financieros del Estado, y eso se nota ahora, cuando se imponen las políticas públicas. Queremos incrementar los tramos altos del IRPF. Cierto que afecta a una franja reducida de la población, pero es una franja que se lo puede permitir. Si el tope se bajó del 45% al 40%, recuperaríamos una parte de ese diferencial. Estableceríamos un nuevo impuesto sobre las grandes fortunas. Hay que revertir medidas como la de los 400 euros, porque no afecta a personas con ingresos menores a 16.000 euros, que son más de 7 millones. O en vez de apostar por los 2.500 euros del cheque-bebé, diseñar un programa de construcción de escuelas infantiles de 0 a 3 años.

-¿Es un buen timonel Zapatero?

-Ha tardado mucho en reaccionar. Generó un falso optimismo. Pero el país es maduro y no hay que andarle con pomadas. Zapatero es tan consciente de que no condujo bien las cosas que ha remodelado el Gobierno. Hemos escuchado ofertas de diálogo más acertadas. Pero el tiempo se agota. No se puede discutir durante meses qué se hará. Hay que hacerlo ya.

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