La carrera por la dirección del FMI se calienta con el cierre del plazo para presentar candidaturas

  • La ministra de Finanzas francesa Christine Lagarde y el presidente del Banco de México Agustín Carstens parten como favoritos para suceder a Strauss-Kahn.

El cierre del período de candidaturas  para futuro director -o directora- gerente del Fondo Monetario  Internacional, no hace más que calentar una competición que, como jamás en la  historia del FMI, podría marcar un antes y un después en la lucha de  poderes y equilibrios dentro del organismo.  

El FMI ha mantenido un gran secretismo acerca de los candidatos y,  según su portavoz, Caroline Atkinson, no hará pública la lista de los  postulantes hasta que sólo sean tres, si es que hubiera alguno más de  última hora. Es decir, como muy pronto, "a comienzos" de la semana  próxima.  

A juicio de analistas, no es que esto vaya a afectar sin embargo  mucho a una carrera que desde el principio fue comprendida como una  lucha entre los intereses de Europa, que quiere mantener la norma no  escrita que desde la creación del FMI le reservó el máximo puesto a  uno de los suyos, y las naciones emergentes, que reclaman que también  en las directivas de la poderosa institución se refleje su cada vez  mayor poder.  

Símbolo de esta lucha de poderes se han convertido la candidata  francesa, la ministra de Finanzas Christine Lagarde, y el presidente  del Banco de México (central), Agustín Carstens, quienes no perdieron  tiempo en lanzar sus postulaciones.  

Como sorpresa surgió la propuesta rusa de nominar esta semana al  gobernador del Banco Central de Kazajstán, Grigori Marchenko, hasta  ahora la única nueva candidatura conocida, aunque analistas descartan  que tenga perspectivas de éxito, por mucho que el FMI haya prometido  un proceso "abierto, basado en méritos, transprente y sin  preferencias geográficas".  

Tanto Lagarde como Carstens están embarcados en una frenética gira  por todo el mundo con el fin de tratar de asegurarse el máximo de  apoyos en un proceso de por sí ya complicado, con cuotas de poder  diferenciadas entre países y bloques símbolo en sí mismo de los  desequilibros históricos del FMI.  

Ambos, según reconoció el propio organismo, son candidatos más que  cualificados para aspirar al puesto dejado vacante de forma  inesperada por el francés Dominique Strauss-Kahn, quien está a espera  de juicio por un presunto intento de violación en Nueva York, una  oscura historia que el FMI quiere dejar atrás cuanto antes.  

Lagarde sabe ya que cuenta con al menos el voto en bloque de los  europeos, que no tardaron en cerrar filas en torno a la candidata  gala y que dominan un tercio de las cuotas de voto, algo nada  desdeñable.  

Por el contrario, hasta ahora Carstens, si bien ha conseguido  apoyos individuales de algunos países, no ha logrado que un bloque  significativo de naciones -y de cuota de voto- respalden su apuesta.  

Algo que ha sorprendido incluso hasta a avezados analistas como  Fred Bergsten, director del renombrado Instituto Peterson de Economía  Internacional en Washington.  

"Resulta un tanto sorprendente que los países emergentes no se  hayan unido para ofrecer un candidato o apoyar a uno de su parte  (...) la falta de actividad, su no-fusión es lo más sorprendente y,  de forma negativa, lo más significativo en estos momentos", dijo en  conversación con periodistas esta semana.  

Entre las posibles razones para esta desunión de un bloque, el  emergente, que teóricamente debería perseguir un interés común en  tratar de "desbancar" la tradicional silla europea, se barruntan  varios motivos.  

Entre otros, Bergsten citó que se perciba a México como demasiado  próximo a Estados Unidos, que no sea considerado decididamente como  una economía emergente o hasta que no pertenece al poderoso grupo  BRIC conformado por Brasil, Rusia, India y China.  O que las naciones emergentes, aunque con un objetivo común,  tengan aún demasiados intereses divergentes.  "La cuestión es si las rivalidades entre emergentes son más  fuertes que el deseo común de tener a uno de los suyos en el puesto",  indicó Bergsten.  

Otras naciones parecen concebir esta carrera como una oportunidad  de manejar hilos con la vista puesta en el más largo plazo.  

Como Brasil, la gran sorpresa de muchos por no presentar un  candidato propio ni apoyar abiertamente a Carstens, teóricamente "uno  de los suyos", por mucho que les diferencie. Pero su ministro de  Hacienda, Guido Mantega, dejó claro que Brasilia apuesta por una  estrategia que va más allá de nombres.  

"Nuestro juego es claro: nuestra posición depende del compromiso  de los candidatos con nuestros criterios, en especial con nuestra  demanda de una mayor participación de los emergentes en el Fondo",  dijo Mantega tras recibir a Carstens a comienzos de mes. Poco antes,  había hecho lo propio con Lagarde, también ansiosa por cortejar a uno  de los protagonistas emergentes del FMI y de la economía global.  

Los intereses y cabildeos se intensificarán a partir de esta  semana, cuando la Junta Ejecutiva comience el proceso de selección de  candidatos para tener una decisión firme el 30 de junio.

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