Ángel Cano, consejero delegado del BBVA

"La gran incógnita es saber el valor real de las cajas"

  • Cano aplaude la reforma financiera pero advierte que aún es incompleta · Sanear los balances e incentivar la entrada de capital privado son las tareas pendientes

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Para entender la dimensión del problema hay que recuperar de la estantería La Máquina del Tiempo, el clásico de H. G. Wells, cambiar de protagonista y acceder a la cuarta dimensión de las cajas: "Hace veinte años, los bancos tenían el 55% de las 30.000 oficinas con que el sector contaba en España. En la precrisis, representábamos el 39% de más de 40.000". Habla el consejero delegado del BBVA, Ángel Cano (Santander, 1961), y lo hace para preparar el terreno a una crítica dura pero constructiva. "Esta sobredimensión corrió a cargo de las cajas. Había que retocar el terreno de juego".

Y se retocó, aunque no de manera exactamente ejemplar, porque, a juicio del ejecutivo del segundo banco español por tamaño, "faltan más velocidad y más profundidad". "Los planes de recapitalización se han aprobado -y a un coste asequible porque como máximo representan el 5% del PIB-, pero hay que ver cómo se implementan. Además, hay que terminar de sanear los balances e incentivar aún más la entrada de capital privado". Como el inversor es animal de prudentes costumbres, Cano asume que "podría esperar a que el FROB sanee los activos para entrar después, puesto que la gran incertidumbre es conocer el valor real de las cajas".

El BBVA quiere más y mejor supervisión, y homogeneidad regulatoria dentro y fuera del país. Al propio sector le impone Cano una lista de tareas bastante exigente pero necesaria para competir -o directamente "sobrevivir"- en el mapa que surja de la recuperación: diversificación por geografías y negocios (concentrar en la construcción fue obviamente un error); ubicación del capital allá donde sea más rentable; transformación de la estructura de balance, "con una adecuada estructura de depósitos para financiar los créditos"; tecnología aplicada a la relación con el cliente; un modelo de gobierno más profesionalizado; y afianzamiento de las ventajas competitivas en cada segmento o área.

Ángel Cano, quien admitió estar "cansado de hablar de la crisis", no quiso olvidarse de la salud macroeconómica de España, "que está mejor que hace un año pero aún debe progresar". La reforma laboral, por ejemplo, se quedó corta y debe incluir "más flexibilidad y menos incertidumbres para el empresario". Los salarios, tal y como ha defendido la CEOE en la fracasada negociación colectiva, deberían conectarse a la productividad "como ya ocurre en esos países de "la Europa Central que siguen siendo el motor del crecimiento". Urge un "contrato único indefinido". Y más retoques a medio plazo en el sistema de pensiones.

El país, admite el consejero delegado del BBVA, todavía luce dos puntos negros: la prima de riesgo y la tasa de paro. Clave será la consolidación fiscal y, por ello, el grado de disciplina que asuman las comunidades autónomas. "España", opina, "ha logrado imponer un cambio de percepción [en los mercados] que nos ha permitido diferenciarnos de otros países periféricos -Grecia, Irlanda y Portugal- con los que nos venían asociando [...], aunque aún no hemos recuperado la senda del crecimiento necesaria para crear empleo y volver al centro de la UE". ¿Podemos? "Pues claro que sí. Pero la realidad es que no hay margen de error". España juega pues su particular tanda de penaltis. Y, de momento, Zapatero sigue en la portería.

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