Cómo hemos llegado a esto

  • Nadie, ya fuese periodista o experto en finanzas, se atrevió a ir contracorriente en tiempos de bonanza · La explosión del crédito se contempló como una consecuencia natural de las innovaciones financieras

TANTOS analistas, tantos bancos, tanta prensa financiera especializada, tantas escuelas de negocio y resulta que entre tanta expansión continuada en el tiempo, parece que nadie se daba cuenta de la monumental crisis que se estaba gestando. ¿Qué ha ocurrido para que hayamos llegado hasta aquí?

Hay varios agentes a los que se está señalando como responsables de no haberse enterado de nada mientras la crisis se gestaba. Empecemos por la prensa. La crisis comenzó en un sector muy técnico -el de los derivados financieros- que cuenta con un mercado organizado al contado muy opaco en cuanto a información, pero enorme en cuanto a los volúmenes que maneja. En la actualidad, el volumen de recursos vivos existentes equivale a 10 veces el PIB mundial. Un gran problema que se refleje en ese mercado es capaz de tumbar a nuestro planeta. Saber lo que realmente sucede en un mercado de esas dimensiones, no es una tarea fácil ni para los periodistas ni para los expertos.

Adicionalmente, la prensa -y todos nosotros- está más interesada en las buenas que en las malas noticias. Los problemas que pudieran observarse eran rápidamente acallados por la avalancha de buenas noticias acerca del crecimiento, el empleo, el valor de las viviendas o la bolsa ¿Quién se atreve a ir contracorriente en los buenos tiempos, ya se sea periodista o experto en finanzas?

Los intereses particulares quizás hayan jugado también su papel. Los grandes medios, próximos a Wall Street, tienen intereses que les impiden actuar con total transparencia. Pero también ocurre con los de menor tamaño ¿Qué periódico se hubiese atrevido a denunciar en Castilla-La Mancha la situación de la caja después intervenida, aunque ya era vox populi su mala situación? Lo mismo podríamos decir de grandes inmobiliarias.

Pero no sólo ha sido la prensa especializada; también economistas, banqueros privados, responsables de bancos centrales y políticos ignoraron -con alguna excepción- las consecuencias de lo que se estaba gestando. Primero, la explosión que se produjo en el crédito se contempló como una consecuencia natural de las innovaciones financieras, especialmente de los instrumentos derivados. Conocidos banqueros y responsables políticos alababan las excelencias de la desregulación y la no intervención en los mercados, mientras se acumulaba una montaña de deudas inmanejable.

Segundo, la gran expansión del crédito inmobiliario no estuvo acompañada por una política adecuada de provisiones para cuando llegaran las vacas flacas. Tampoco hubo prudencia en la regulación de las operaciones fuera de balance de las entidades financieras, por las que consiguieron recursos extra para seguir prestando.

En fin, se minusvaloró la interrelación entre sistema financiero y sector real de las economías. Cuando el primero ha estallado, hemos visto hasta qué punto el segundo es arrastrado.

Pero aun aceptando todo lo anterior, ¿es que nada o nadie tenía información para juzgar lo que estaba ocurriendo? Desde la Academia es muy difícil, cuando se trata de investigar sobre mercados que desvelan poca información. Quizás, sólo algunos bancos centrales (EEUU, Inglaterra) tenían información relevante para conocer lo que pasaba. Habría que preguntarles.

Incluso con información, podría haber fallos. Fallos teóricos. Durante los últimos 40 años, las investigaciones han intentado encontrar teorías que explicaran todo el comportamiento macroeconómico. Los avances han sido extraordinarios. Sin embargo, resulta muy difícil incorporar el comportamiento humano dentro de los modelos que explican la economía en su conjunto, el espíritu de rebaño que nos hace comportarnos como los demás sin preguntarnos mucho por qué: como lo analizan expertos y la gente actúa de acuerdo con ellos, lo hacemos también.

Tampoco es fácil incorporar valores irracionales de los activos -véase el precio de las viviendas en España- o la información no simétrica que tienen vendedores y compradores, información que se supone incorporan los precios.

Todo esto no quiere decir que nada de lo que se ha investigado y sabemos sirva para nada. Sólo significa que nuestro conocimiento es imperfecto, no se si más o menos que el de las restantes ciencias sociales o físico-naturales, pero lo es.

El gran Max Planck empezó a estudiar economía, antes de deslumbrarnos con sus aportaciones a la Física, abandonándola poco después porque era demasiado difícil, a pesar de que, en su tiempo, podría haber formulado la matemática necesaria para investigar economía en sólo unas semanas (hoy tardaría algunos meses).

Lo que queremos decir es que, al igual que le ocurre a un geólogo o a un meteorólogo, el ejercicio de previsión es el más difícil en cualquier campo de conocimiento científico y los errores que se comenten no invalidan el conocimiento; sólo reflejan el conocimiento imperfecto con el que se cuenta. No poder prever un terremoto o el tiempo más allá de diez días, no invalida ni la geología ni la meteorología.

Las acciones humanas, las de millones de personas diariamente, deparan consecuencias que van más allá de las que inicialmente podemos anticipar y no se limitan al ámbito que originalmente habían previsto. Tratamos de conocer las complejas interrelaciones entre decisiones individuales, acciones colectivas y el conjunto de instituciones que regulan nuestras sociedades. Y aquí estamos.

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