"El relevo generacional es la gran esperanza de la empresa andaluza"

  • Los jóvenes cuadros, dice Haurie, están al fin bien formados en gestión e idiomas · "Salir al exterior también implica a la universidad, la Administración y hasta los sindicatos"

El bilingüismo domina el ADN de Juan Andrés Haurie (Sevilla, 1961), cuyo padre llegó a Andalucía procedente de Francia en octubre de 1929. Quizás por ello, su firma, Globoempresa, una pequeña consultora que el pasado año facturó 400.000 euros pero que a veces birla a las grandes marcas proyectos de calado, está especializada en la internacionalización, un concepto habitual en los discursos de reconversión económica con los que España busca de nuevo un lugar en la primera fila del mundo.

-¿Cómo anda de idiomas el empresario andaluz?

-El tejido de la pyme endaluza lo forman, como en casi en cualquier lugar, empresas familiares, y éstas han mejorado mucho, se han profesionalizado hasta distinguir qué parte de la familia está en la gestión y cuál sólo en el consejo. Los jóvenes cuadros de la empresa andaluza están muy bien formados en gestión e idiomas. Este relevo generacional es la gran esperanza del empresariado de esta tierra. La generación precedente tuvo que hacer país, pero se ha preocupado de que sus hijos tengan esa visión global. Tu generación será la que globalice Andalucía. La mía está muerta.

-¿Qué es internacionalizar?

-Incluso dentro de la empresa, muchas veces se confunde la parte con el todo: se confunde el comercio exterior con la internacionalización. Si sólo pensamos en lo primero, condenamos a muchas empresas y sectores: imagina a un pequeño comerciante del centro histórico de Sevilla. ¿Va a abrir una tienda en Nueva York? No podrá, pero existen fórmulas de cooperación y transferencia del know how. Hay estrategias para luchar contra el gran comercio. Después de Wal-Mart, los cuatro grandes grupos de distribución mundiales son franceses. ¿Qué hace en Francia el pequeño comercio? Allí cada tienda es un museo y cada calle un centro comercial a cielo abierto. Han desarrollado escaparatismo conjunto, actividades de pasacalles, centrales de envío de productos.

-Internacionalizar parece un verbo exclusivo de la empresa.

-Y no lo es. Nuestras administraciones, universidades y hasta sindicatos no salen lo suficiente. La internacionalización también compete a la sociedad. El mejor programa de los últimos años en esta vertiente social ha sido Erasmus, que ha internacionalizado a nuestros jóvenes.

-¿Al andaluz le da miedo salir?

-El empresario andaluz tiene carencias por una serie de factores históricos, por la situación ultraperiférica de la comunidad, por la falta de infraestructuras durante muchos años, por una determinada mentalidad. La crisis comenzó justo cuando por fin se estaban profesionalizando los procesos empresariales. El acicate que ahora tenemos para salir puede llevarnos a no hacerlo correctamente. Aquí falta coordinación en la promoción turística y en el fomento del comercio exterior. El nuevo plan de internacionalización de la economía andaluza puede cambiar eso. Y será asimismo fundamental que las partidas destinadas a este campo no se recorten justo cuando mayor es la demanda.

-Para una gran compañía, salir a conquistar el resto del planeta puede ser relativamente sencillo. ¿Las pymes lo tienen peor?

-Hay hasta demasiados mecanismos de asesoramiento y ayudas a la pyme: el ICEX, Extenda, los planes camerales para la exportación, ejemplos municipales como Sevilla Global... Pero hace falta informarse, planificar, diferenciarse de la competencia e identificar los mercados prioritarios. Hay muchos empresarios que salen hoy al exterior sin una web en tres idiomas. Imagina una ingeniería medioambiental andaluza que sabe administrar fondos Feder, va a Polonia, hace una entrevista y entrega una tarjeta de visita al director general de una determinada región que después entra en la web y comprueba que la página está sólo en castellano.

-Usted trabajó 16 años para la CEA como adjunto a Antonio Carrillo. Era algo así como su número dos en el escalafón técnico junto a Antonio Moya. ¿Ha estado la patronal a la altura durante la crisis?

-Estoy deseando ver los mensajes de Santiago Herrero en la gran convención del 30 de junio. Dará muchas claves de dónde están las empresas andaluzas y qué necesitan.

-¿No ha tenido tiempo más que de sobra la CEA para lanzar esos mensajes?

-Es que ya se han lanzado de muchas maneras: en las mesas de concertación, sotto voce, en voz alta, en el último discurso de toma de posesión de Herrero. La convención no será un brindis al sol sino un clamor empresarial.

-¿Le ocurre a Globoempresa como a la banca, que debe elegir con cuidado a sus clientes?

-Es parecido en cuanto al riesgo porque si intentas cobrar anticipadamente tres años de trabajo, el cliente no puede afrontar tu contrato, y si fijas una manera cómoda de hacerlo a plazos, intentan sacarte todo tu know how los primeros meses y luego te dejan de pagar. Hemos establecido cláusulas de penalización muy duras para evitarlo.

-¿Se atreve con el optimismo?

-Cuenta la actitud: la cosa está muy mal pero hay que levantarse todos los días con ilusión y confianza. Hay pocas pero muy buenas empresas andaluzas, y deben competir fuera sin complejos.

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