La Blanca Paloma estuvo ante Jerez más de un minuto de gloria

  • La visita de la Virgen se produjo a las once menos cuarto de la mañana · La Señora fue recibida con una lluvia de pétalos que fueron lanzados desde el balcón principal de la casa de la hermandad de Jerez

Fueron setenta segundos que supieron a gloria. Ese fue el tiempo que la Virgen estuvo frente al Simpecado jerezano en su visita del Lunes de Pentecostés. Sucedió sobre las once menos cuarto de una mañana que nos regaló otra estampa diferente al ser la niebla la protagonista meteorológica de las primeras horas del día. La Reina de las Marismas se recogió en la ermita sobre las doce y media de la mañana cumpliendo de esta forma casi diez horas de procesión en una aldea que estuvo llena de gente, al igual que sucedió con la llegada de Ella a Jerez donde el calor y el ambiente de centenares de jerezanos no faltó en esta cita fundamental del calendario rociero. La visita de la Virgen se presintió desde minutos antes cuando ésta en sus andas empezó a dejar la explanada y tomó la calle Almonte acercándose de forma rápida a todos los Simpecados que se sitúan antes de la casa de Jerez. Sobre las diez y cuarto de la mañana, ante la cercanía de la Señora que llegó a Dos Hermanas, situada frente a la casa jerezana, el campanil empezó a tañer con insistencia llamando a la Virgen al mismo tiempo que sonaban las características palmas por bulerías de la tierra, señal inequícova de que Jerez estaba inquieta por recibir a la Reina de las Marismas. Y así fue como después llegaba ante los devotos jerezanos que la acogieron con emociones, rezos de la Salve y muchos empujones con el fin de hacerle un pasillo para que los almonteños pudieran llevarla hasta la misma reja del Simpecado, algo que no pudo ser porque materialmente fue imposible hacer el hueco suficiente, pese al esfuerzo que supuso el intento.

Al fin fue una visita no todo lo larga que hubieran deseado los de Jerez pero que fue suficiente para dar por bien rematada la romería. El padre Alexis junto con el capellán de Ceuta, que este año ha predicado el triduo de la hermandad, fueron subidos a hombros delante del Simpecado. En esa posición y frente a la Virgen, que metros antes de la casa fue posada en el suelo, rezó la preceptiva Salve y los vivas a la Virgen mientras caía sobre el techo de las andas una lluvia de pétalos de flores lanzados desde el balcón principal de la casa. Algo más de un minuto ante la Virgen que fue para el recuerdo de una romería más en la que la mañana fue benévola con todos por el entoldado de nubes que hizo más cómoda la espera en la explanada. Hubo un segundo intento de meter a la Virgen pero quedó en eso porque, pese a que se sacó de nuevo el Simpecado, la procesión siguió su curso visitando los restantes simpecados que se situaron en Almonte.

La Virgen del Rocío salió ocho minutos antes de las tres de la madrugada tras saltar la reja los almonteños. El recorrido se hizo por el itinerario tradicional y con la Blanca Paloma vestida con el manto, rostrillo y atributos que lució en la coronación canónica de hace 90 años, que se celebra en esta romería. Gracias a que el ambiente estuvo algo más fresco por la niebla de la mañana, el ritmo fue más pausado. Pese a todo hubo momentos en los que las bajadas de la Virgen delataron que el peso y el esfuerzo sobrepasaba a la gente de Almonte. Aprovechando el nublado, se recogió la Señora en su ermita llenándola de nuevo de gente que se despidió de Ella con el rezo de la Salve. Después, muchas copas de jerez en la casa jerezana, el adiós al Rocío y la precipitada salida de muchos que no esperaron más allá para echarse a la carretera y volver a sus hogares.

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