Despedida de Doñana para rematar hoy la romería en Jerez

  • La jornada de ayer fue tranquila, con unas temperaturas muy agradables que ayudaron a superar los cerros y a llegar sobre las 19:30 al paraje de Las Marismillas para vivir la última noche en el Coto

La hermandad ya está en la puerta de salida de Doñana. Anoche acampó en La Marismilla para hacer la última noche del camino, la que pone fin a la estancia en el Coto y la que definitivamente dice adiós a ese paraje tan rico y diverso pero a la vez de gran significado rociero. El día fue tranquilo y encuadrado dentro de la normalidad de una vuelta que está siendo generosa en los climatológico. El nublado y las agradables temperaturas están dando muchos respiros a los rocieros y a los mulos que tienen la encomienda de tirar de la caravana. Esto hace posible que el ritmo siga siendo más que óptimo evitándose de esta forma la fatiga de la ida a causa de las altas temperaturas. A primera hora se dejaba El Cancelín donde se pasó una noche marcada por la intimidad de la misa entre los pinos, nuevas vivencias que quedan para los que tienen la fortuna de hacer la vuelta, una fase de la romería que cada año que pasa cuenta con más adeptos gracias a que la disminución de participantes propicia una mayor y mejor convivencia entre los rocieros. Desde ese lugar se partió para afrontar el paso de los cerros, primero Los Ánsares, donde se rezó el Angelus, y después el del Trigo, sobre las dos de la tarde, ya muy cerca de La Marismilla. Fue inevitable en todo momento y especialmente en los espacios más hermosos del Coto echar la mirada atrás para guardar en las retinas esos lugares que tanto saben a Rocío, miradas llenas de la nostalgia del adiós. Evidentemente hubo que superar la dificultades de las zonas más arenosas del camino pero que con talento y con la ayuda de vez en cuando del tractorista de la hermandad encargado de liberar a los coches de algún que otro atasco, y por supuesto del mecánico de la hermandad, Pepe Beiro, cuya maestría hace posible lo imposible en el Coto. Un relajado almuerzo dio paso a reemprender la marcha buscando la pernocta. Cuando van llegando esos instantes finales, el recuerdo a los que no están, que ha sido una constante a lo largo de la romería, vuelve a florecer en pensamientos que viajan a otros rocíos con otros nombres y rostros. La Marismilla ha sido un lugar que se ha aprovechado para muchas cosas y celebraciones, como la que tuvo lugar anoche con una convivencia en la que la hermandad ofreció una cena a los rocieros en la que se empeñaron 70 kilos de carne para una barbacoa para todos. Años atrás ha sido el escenario de despedidas de juntas de gobierno. No han sido muchos los peregrinos que van andando pero su ejemplo ha sido una constante en la caravana. Al frente Javi Escobar, delegado de la junta de gobierno para los peregrinos, que ha ido incorporando mejoras para que la travesía caminando se haga más soportable al menos en las infraestructuras que han faltado. Este año la vara de peregrino situada en la parte trasera de la carreta del Simpecado es de estreno, una pieza de orfebrería que sirve para agarrarse a ella y aprovechar el empuje de las mulas para avanzar por las difíciles arenas. Un detalle que puede pasar desapercibido pero que tiene su importancia, es la altura y la posición nuevas que se le han dado, buscando la comodidad para que el se agarra a ella. Ya está muy cerca Jerez. El final de todo se aproxima y la romería de 2009 empieza ser una bella historia, con sus claros y oscuros, pero historia al fin y al cabo. Ahora empieza el camino para la de 2010.

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