Estampas de Rocío en la aldea

La aldea de El Rocío se transforma en romería. El espacio sosegado y bucólico que se levanta junto al espacio natural de Doñana pasa a ser, en un abrir y cerrar de ojos, una gran avenida donde el movimiento de carros, caballos y personas se sucede en algarabía y sin interrupción. Deja de existir el día y la noche para hacerse un continuo trasiego de gente y bullicio. Lo único que no cambia es el foco de atención que se centra en la ermita donde pasa paciente sus horas la Virgen del Rocío. Las visitas a la patrona almonteña son obligadas, poner una vela, un rezo, la romería se vive entre idas y venidas, de casa al santuario y viceversa, y si se tercia, también una parada por la casa de este u el otro conocido. Fiesta y más fiesta, que concluye con el gran colofón de la Virgen a hombros de los almonteños. Después, 360 días estarán los rocieros esperando que llegue la romería almonteña.

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