La Huelva más peregrina

  • La caravana de la Hermandad onubense ocupa varios kilómetros del Camino de Moguer en su marcha hacia la aldea · El día transcurre en una sucesión de paradas, fiesta y rezos entre los pinos

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El camino de Moguer se llena de vida rociera cada año cuando los peregrinos de la Hermandad de Huelva sortean las arenas para llegar a la romería del Rocío. A últimas horas de la tarde alcanzaron ayer el barrio de las Gallinas, que está muy cerca ya del santuario donde espera la patrona almonteña. Para ellos, empieza la romería.

Ese fue el final de una larga jornada. Kilómetros de arena que resecan la garganta y por los que los peregrinos, a pié, a caballo o en carro, avanzan todo lo rápido que impone la carreta del Simpecado. Como dice Toñi Salas, de la peña Las cuentas claras, "unas veces cantando, otras charlando y otras, un poco más aburridos, pero siempre felices". La caravana sigue adelante bajo la mirada vigilante de los efectivos de seguridad y los vehículos de apoyo. Los tractores se sitúan en los tramos más arenosos para que nadie quede atrás y que la larga fila de vehículos no pierda el ritmo, por que hay unos horarios que cumplir. La responsabilidad se cifra en unas 12.000 o 15.000 personas, según la estimación que hace del servicio de Protección Civil que acompaña a la Hermandad, una carga que se dispersa a lo largo de varios kilómetros por la senda del camino de Moguer, un bello paraje donde se respira a Doñana. Las paradas son imprescindibles para descansar y para mostrar al Simpecado el apego de los rocieros que le acompañan. Cantes, bailes por sevillanas y vivas a la Virgen y a la Hermandad, forman parte del estribillo que comenzó en la plaza Paco Toronjo en la avenida de Andalucía, en las mismas puertas de la casa hermandad, y que no cesarán hasta la próxima semana.

Tras el rezo del Angelus, a las doce en punto del medio día, el calor empezó a ser de justicia, aunque este año, para ser junio, la ligera brisa fresca de la mañana alivia a los caminantes. Afortunadamente las temperaturas suaves de los últimos días hacen más llevadera la marcha. "No sólo ha sido fresca la noche, sino también la mañana. En la misa, la mayor parte de la gente estaba con chaqueta. La verdad es que ha sido un día ideal para caminar por tanto arenal", concluyó Esteban, mientras su amigo Paco pela una naranja. Este se estrenó el jueves en el camino de Huelva, "creo que repetiré porque me ha gustado mucho este ambiente", añadió. Paco acompañó en años anteriores a otras hermandades de Huelva, "pero prefiero estar dos días como hace Huelva".

El hermano mayor Francisco Zambrano sudoroso y teñido del marrón claro de las arenas esbozó una amplia sonrisa para decir que "todo está saliendo muy bien, no hemos tenido ningún percance, veo a la gente contenta y yo estoy muy feliz". Intenta en que los peregrinos que acompañan al Simpecado estén bien atendidos. Están cansados, pero deben reponer fuerzas. Por eso el grupo de colaboradores de Zambrano distribuyen sin descanso los víveres que están preparados para distribuirse convenientemente. Es difícil que alguien se quede fuera del reparto por el volumen de suministros previstos.

Los veteranos del camino coinciden en que este año la gente a pié se ha multiplicado, las más de 4.000 raciones que viene repartiendo el equipo de intendencia de Zambrano, lo corroboran. Este esfuerzo se ve recompensado por los comentarios de los caminantes. El onubense Roque Rodríguez que lleva 17 años caminando junto al Simpecado de Huelva alabó la organización de Zambrano, aunque reconoce que en los últimos años se viene repitiendo un modelo que no falla. Con él coinciden dos amigos, también caminantes, Esteban y Paco, que descansan en la otra punta del enorme círculo que ocupan los peregrinos bajo la sombra de los pinos de Gato.

La marcha continua toda la tarde hasta completar los 30 kilómetros previstos que terminan en la ermita del Rocío. Hasta entonces los sanitarios han intentado aliviar cientos de rozaduras y ampollas, que fueron los incidentes habituales a lo largo del día, según los efectivos Luis Zapata y Juan Daniel Carmona. Ambos están enganchados al Rocío después de muchos caminos. "Empezamos haciendo un día de camino y ahora ya hacemos tres, uno con Emigrantes y dos con Huelva, o al revés. Y porque no podemos más". Así es el Rocío.

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