Jueves de oración y arenas

  • Los romeros afrontaron ayer un día despejado y con menos frío que el miércoles, aunque a primera hora de la tarde cayeron algunas gotas · Tras atravesar La Raya, la hermandad pernoctó en La Carbonera

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La segunda etapa tuvo para la hermandad los momentos de siempre y otros que dieron a la jornada un tinte especial. La primera misa del camino, en Marismillas volvió a ser el punto de arranque espiritual con el que la comitiva rociera afrontó un día que amaneció despejado y con mucho menos frío que el miércoles, temperaturas que conforme avanzaron las horas fueron suavizándose más. El cielo se entoldó con unas inocentes nubes, y el termómetro estuvo un poco más en sintonía con lo que tiene que ser junio y el Rocío aunque sin abusar porque llegaron a caer un débiles gotas a primera hora de la tarde.

La primera acampada transcurrió tremendamente animada con muchas horas de la madrugada ocupadas con sevillanas ante el Simpecado. Es lo habitual en la primera noche en Doñana, la cual se 'bebe' con muchísimas ganas. Aún hay fuerzas para derrochar y el cansancio se queda para otro día. También el hecho de que la segunda etapa sea enormemente tranquila y sin prisas hace posible tomarse las cosas con más relajación.

Tras la misa oficiada por el obispo se preparó la partida, que de antemano todos los que vienen saben que supone dejar la facilidad de la rodá amable para meterse en grandes arenales y con ellos, las primeras dificultades serias para animales y vehículos. No obstante y pese a todo, lo que impera es la belleza del entorno donde todo esto sucede. Doñana está precioso, con mucho verdor gracias a la generosa temporada de lluvias que deja lagunas y marismas con resplandores del agua que da cobijo a altos juncos. En pocas palabras un derroche de vida gracias a una naturaleza en su más puro estado.

El día fue avanzando en línea con lo que es la etapa central del camino, con el rezo del Ángelus y con el encuentro en el Rincón del Peregrino, un lugar bautizado así por la gente que va andando. Allí el Simpecado se detiene un buen rato para recibir sevillanas y la oración de los peregrinos junto con los de la peña Carbonera. Esta romería y por iniciativa del delegado de Peregrinos, Javier Escobar, la presencia de los cuarenta que van a pie, fue en cierto modo obligada. La idea era ofrecer una estampa casi inédita de reunir a los peregrinos para hacer todos juntos el tramo que va desde ese Rincón hasta el lugar del rengue de almuerzo, un trayecto corto y poco arenoso que propició esta singular reunión a la que se invitó a unirse a todo el que quiso.

La respuesta fue buena y la experiencia muy positiva, en el objetivo de hacer crecer y valorar la presencia de los peregrinos como un elemento que no puede faltar en Jerez. Ciertamente en los últimos años se ha avanzado mucho en ese fin y la realidad es muy distinta a como eran las cosas hace cuatro años. En esto se tiene que valorar la confianza dada por la junta de gobierno que nombró a un delegado para este menester.

Atravesando el Cerro de la Raya o del Trigo, paraje indispensable y al mismo tiempo todo un emblema del camino rociero, la hermandad casi arribó a La Carbonera para pasar la segunda noche, seguro que fue más tranquila pensando en lo que quedaba, el largo y cansino viernes de camino.

La tercera etapa, la penúltima del camino, que afrontará hoy la hermandad dejará a los romeros casi en las puertas de El Rocío, casi divisando a la Madre de las Marismas que se esparce frente a la basílica. Es un día muy largo, ya que habrá que recorrer gran parte de la ruta por Doñana y para que de tiempo a vivirlo todo, la caravana se pondrá en marcha muy temprano.

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