Peregrinos junto al Simpecado: el reto de cuarenta rocieros

  • Los romeros que van a pie se reunieron en su Rincón para ir todos juntos tras la carreta y reivindicarse en la pureza de su opción de camino hacia la aldea

El grupo de peregrinos este año está formado por cuarenta personas con una media de edad situada entre los 30 y los 40 años, de las que un treinta por ciento son mujeres. Para venir de peregrino al Rocío no hay que cumplimentar peticiones y formularios, sólo tener ganas e interés, comunicarlo en la hermandad y apuntarse en el grupo. Cada uno de ellos ha pagado cien euros para cubrir el coste de alquiler de los remolques, comida y bebida.

A su disposición la hermandad lleva dos transportes: uno para la ropa y los pertrechos personales y otro en el que viaja la manutención. Esto es novedad este año, lo que hace posible facilitar las cosas a los que van a pie, porque al fin y al cabo se trata de tener ganas y tantear las fuerzas propias para echarse a la aventura de andar más de sesenta kilómetros en gran parte por terrenos arenosos y complicados.

El delegado de esta sección, Javier Escobar, reconoce que la respuesta está siendo positiva ya que si no hubieran habido bajas de última hora, la cifra de los que van a pie podrían haber llegado a las sesenta personas. Entre ellas están los que acumulan una dilatada experiencia y los que se estrenan este año, pero hay un dato más importante que demuestra la fidelidad que está tomando el ser peregrino y es que este año repite casi un ochenta por ciento de los que el pasado año vivieron el camino andando.

Por tanto, estamos ante un grupo compacto que se conoce y convive; que es capaz de reivindicarse y de alejar el estigma que ha perseguido al que va a pie en razón de su condición en un entorno social donde gusta lucir caballo y otras galas, que son propias de lo rociero pero que no tiene que ser excluyente con lo demás.

Como dice Escobar, "al peregrino lo único que había que darle es cariño y tenerlo en cuenta". Y no se ha tratado de convertirlos en privilegiados o el sector mimado del camino, simplemente había que facilitarles infraestructura y que su vocación se viera respaldada por la hermandad y valorada por la comitiva rociera.

"Espero y deseo que lo que hemos conseguido en estos cuatro años tenga continuidad en la próxima junta que entre", dice esperanzado Javier Escobar para el que lo de ir a pie es la forma que entiende el camino y el Rocío, en pocas palabras una vocación firme que trata de transmitir con su ejemplo a los que se van sumando a esta forma de ir a ver a la Virgen.

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