Un beato peregrino por las arenas

  • Aniversario y acción de gracias. Este Rocío se da la mano con el aniversario dela visita apostólica del beato Juan Pablo II, que tendrá lugar mañana martes

ESTE año El Rocío vuelve a brillar de una manera muy especial en lo más íntimo de su historia. Una historia que es cercana en el tiempo, pero especialmente relevante, tanto que de alguna forma ha sabido coronar todo el esfuerzo vivido durante siglos al amparo de la devoción a Nuestra Señora del Rocío.

Este año El Rocío vive el gozo de la beatificación del Papa Juan Pablo II, y se recuerda aquel momento culminante de la devoción rociera al verlo caminar por las arenas de la aldea como un peregrino más. Adentrarse por la puerta de las marismas para llegar a los mismos pies de la Blanca Paloma. Muchos sacerdotes, arciprestes y prelados tuvieron siempre una atención especial al santuario de Nuestra Señora del Rocío, que con el pueblo de Almonte han sabido ir edificando este tiempo hermoso para la devoción festiva que hoy entorno a Pentecostés se celebra en la aldea almonteña. Un tiempo regado de muchas plegarias y de numerosas acciones pastorales, pero ninguna tan grande y tan fecunda como la visita de Juan Pablo II al santuario de la Blanca Paloma para culminar su visita apostólica a Huelva aquel 14 de junio de 1993, después de haber recorrido Huelva y en los Lugares Colombinos, para clausurar aquí la celebración del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América. En la ermita se vivió un momento especialmente íntimo, de esos que dicen las sevillanas que "yo no lo cambio por nada". Una paz y tranquilidad que pocas veces se encuentra en este ajetreado santuario, para romper aplausos en el balcón de las marismas con el Papa que quería que todo el mundo sea rociero.

Este año, cuando El Rocío aun se estará viviendo por los caminos, Huelva se une al nuevo beato Juan Pablo II en una solemne misa de acción de gracias por su beatificación que tendrá lugar mañana martes en la Santa Iglesia Catedral, presidida por el obispo José Vilaplana Blasco.

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