Un brindis por Pentecostés

  • Los cambios. Los vinos han tenido que dejar hueco a otras bebidas como el whisky o el ron, aunque se mantienen los rebujitos con los caldos tradicionales

Cualquier rociero que peine canas es capaz de rememorar que antaño, para vivir El Rocío, sólo era necesario unas alpargatas, gorra para protegerse del sol, la medalla de hermandad y, en el zurrón, alimentos como pan, chorizo, queso y una bota de vino. Del eco de aquel tiempo lejano solos nos ha quedado poco más que un par de sevillanas que nos narran a golpe de compás que la verdadera esencia de Pentecostés es la Reina de las Marismas.

Sin dejar de lado este axioma, el tiempo, en comunión con los cambios sociales, ha dictando nuevas normas a la hora de descorchar esta celebración mariana, brindándose ahora con algo más que los caldos con el que nos obsequian las vides. La cerveza y los refrescos, como exaltación de la nueva moda imperante, hace tiempo que ganaron el trono de bebida más consumida, si bien toda romería que se precie sigue siendo terreno abonado para el vino, no en vano se trata de la celebración social donde encuentra más consumidores. En efecto, ni en bautizos, comuniones, bodas, navidades, comidas familiares o de empresas el vino tiene tal grado de aceptación; sobre todo el denominado 'rebujito', como popularmente se conoce a la combinación de nuestro vino afrutado del Condado con casera blanca, que sigue siendo uno de los referentes y productos más consumidos junto con el fino. El subrayado coctel autóctono es ideal para enjugar la sed sin que la graduación alcohólica nos haga perder la cabeza. Aunque la mezcla siempre se realiza a gusto del consumidor, la proporción más extendida y aceptada es la que fija dos partes de casera por una de vino, lo que deriva en que los once grados de alcohol en el que de media se cifra cualquier afrutado queden rebajado a una mezcla que contiene no más de 3,5 grados por litro.

El presidente de la Cooperativa Vitivinícola Nuestra Señora del Socorro de Rociana del Condado, Cándido Villarán, reconoce que durante estas fiestas la facturación se ve considerablemente aumentada, principalmente en lo que respecta a los blancos afrutados como el Gamo y Viña Gamo. En este sentido "las ventas se duplican en las postrimerías de cualquier romería", tónica que se vuelve mucho más acentuada cuando tiene lugar la cita religiosa más importante del mundo, lo que favorece las exportaciones y poder llegar a un target de clientes que no residen en la comarca.

Es decir, desde un punto de vista meramente de marketing pocos lugares ofrecen una oportunidad de tener a mano a cerca de un millón de visitantes durante la romería y que, por tanto, puedan ser susceptibles de convertirse en clientes potenciales.

El Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen de Vinos y Vinagres del Condado de Huelva es consciente de este escaparate mundial y, en base a ello, cuenta en la propia aldea con una casa destinada a la realización de promociones de estos productos acogidos a la DO. La campaña se desarrolla en comunión con la gastronomía y otras Denominaciones como Jamón de Huelva, para lo cual se invita a alguno de los mejores chef del panorama internacional, lo que refrenda una edición que contará con reputados artistas de los fogones como Armando Oropeza, Javier Libero, David Arauz y Celedonio González.

Sin embargo, las empresas que en los últimos lustros han comenzado a frotarse las manos y ver como engordan su facturación son precisamente aquellas que comercializan agua embotellada. Sin hace sólo dos década era impensable pagar por un producto que prácticamente nos era casi gratuito, hoy en día el H2O comercializado en formato de plástico está a la orden del día, aun a pesar de los cuantiosos residuos que genera.

Independientemente de ello, toda romería que se precie está inexcusablemente ligada a brindar con una copa de vino, algo tan típico y antiguo como las propias carretas y la alegría que se destila en estas fiestas.

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