Entre flores de papel y guirnaldas

  • Decoración. La salida de las carretas hacia El Rocío es uno de los momentos álgidos de la romería, en el que las hermandades lucen sus mejores galas tras meses de trabajo

La salida de las carretas de las hermandades hacia el camino de El Rocío es uno de los momentos más esperados. Miles de personas se echan a las calles de la capital y de los pueblos para acompañar a los peregrinos en el comienzo de su marcha. Es el momento de lucir las mejores galas, exhibirse en una celebración para la que se han necesitado meses de preparación.

La decoración de los carros se ha convertido con el paso de los años en todo un arte. Los peregrinos se afanan en realizar montajes vistosos y alegres, dando realce a cada hermandad. La recompensa llega luego entre la admiración y las felicitaciones el día de la salida hacia El Rocío.

A Manuela Palacio, integrante de la conocida Peña de los Paquiqui en la Hermandad de Emigrantes, su trabajo anual en el carro es más que una tradición. Lleva 39 años haciendo el camino y realizando grandes joyas de la decoración rociera en su carro. Es una de las más veteranas y asegura que lo hace con gusto, por el bien de la hermandad.

Para este año han dedicado cinco horas diarias, durante un mes, con la única excepción de los domingos, para confeccionar las flores de papel y los conocidos pica-pica, una de las señas de identidad inequívocas de Emigrantes.

"Primero empezamos con las flores y luego se va componiendo el resto; el arco, que es lo más vistoso, la canasta, los laterales...", explica Manuela.

Antonio Gálvez, también hermano de Emigrantes, asegura que "picar un carro entero lleva mucho trabajo y tiempo". Él es otro de los artistas que se dedican a fondo por el lucimiento de su carro, sobre todo desde hace seis años, que tiene uno propio.

El proceso, cuenta, empieza meses atrás, cuando entre amigos comienzan a plantear propuestas de decoración y realizan bocetos para encontrar un diseño original con el que dar una vuelta de tuerca más cada año, como tratan de hacer con la decoración de los laterales.

Gálvez se muestra partidario de "representar a la hermandad como se debe" y pide alejar de la comitiva "esas carretas que no reúnen los requisitos y que parecen la diligencia del oeste". De hecho, recuerda que a Emigrantes se le conoce bien por la profusión de detalles decorativos en sus carros.

"Llevo con la hermandad 28 años y siempre ha sido así. Hay gente como Cristóbal Fernández que son auténticos fenómenos. Es una tradición que está pasando de padres a hijos y para lo que se está pensando en poner en práctica una escuela-taller", explica.

Más de un candidato a discípulo tiene también Antonio Prieto, de la Hermandad de Huelva. Lo suyo es la realización de maquetas para los laterales, una de las mayores singularidades en la decoración de los carros, muy arraigada, además, entre la comitiva capitalina.

Este año ha preparado la escenificación de la misa de romeros del Domingo de Pentecostés, a la que no le falta ningún detalle. Se ha llevado desde enero para cerrar los dos laterales, a base de mucha paciencia, cordeles, palos de madera, cartón, papel y muñecos que decora y viste para la ocasión. No falta ni el obispo ni la mayoría de simpecados de las hermandades.

"Soy muy meticuloso, muy detallista. Disfruto con esto. Es un trabajo muy grande pero la satisfacción personal lo compensa todo. La gente después lo mira, lo señala y te felicitan. Eso me anima a pensar en el siguiente año y seguir trabajando para ello", explica Antonio Prieto.

Esa misma ganancia es la que se llevó años atrás cuando reprodujo el paso del Simpecado de Huelva por la iglesia del Rocío y por la Comandancia de Marina, o el retablo que supuso un reto personal y por el que le llovieron los elogios.

Lo suyo son los costados pero el trabajo en todo el carro es digno de admiración, a su juicio. "Es un trabajo impresionante el que se hace, con muchas personas dedicándose a ello durante meses. Se hacen entre 1.200 y 1.500 varetas de flores, aparte del picado del carro. Son muchas horas de convivencia que aportan mucho a los hermanos", asegura.

El trabajo está "cronometrado", apunta Antonio Gálvez, con todas las piezas dispuestas para ser ensambladas las horas previas a la salida. Son momentos de ver el producto del trabajo bien hecho, mientras ya se guardan flores para el carro del próximo año. El veredicto de la calle espera en la salida. Ese será su mayor premio.

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