La hermandad inicia el regreso para llegar mañana a Jerez

  • A las nueve horas de ayer partió la comitiva rociera desde la aldea pasando por delante de la ermita para despedirse de la Virgen · La vuelta, casi en familia con diez carros, veinte vehículos y otros tantos jinetes

La hermandad inició ayer el regreso a Jerez, un camino de vuelta que finalizará mañana jueves. Como es costumbre la comitiva rociera se formó muy temprano para, desde la casa de hermandad, poner rumbo a la ermita para despedirse de la Virgen. Pasado ese instante se salvó el pequeño tramo que enlaza la aldea con la entrada de Doñana por La Canaliega. Fue a las nueve horas de una mañana que volvió a amanecer bastante fresca y nublada, cuando se fijó la cita de todos los carros y los escasos vehículos que hacen la vuelta, para encontrarse casi todos en la calle Almonte, la misma que horas antes había vivido la enorme manifestación de cada mañana del Lunes de Pentecostés con la llegada de la Virgen a la hermandad jerezana. Y la misma arenosa vía que en la noche del lunes acogió el último acto en la aldea con el rezo del rosario frente al Simpecado y el posterior rezo de la Salve a la Reina de las Marismas en su ermita. Sólo restaba esa partida cargada con un enorme sabor a nostalgias y a los buenos recuerdos que deja esta romería que la hermandad tiene que examinar a fin de sacar conclusiones de cara a corregir o mejorar algunos aspectos y actitudes. Esta vuelta acompañan al Simpecado los diez carros, una veintena de caballistas y una cantidad similar de vehículos para juntos vivir el momento de hacer el camino al revés de la ida con la salvedad de que las paradas y rengues de noche o almuerzo se realizan en espacios diferentes. Estaba previsto hacer la primera noche en El Cancelín para hoy retomar la rodá y superar una jornada complicada que incluye superar los dos cerros, primero Los Ánsares y más tarde el del Trigo. La noche de hoy será casi en la salida del Coto en La Marismilla en lo que será la última noche entre los brezos y pinos del parque. La ausencia de sol provocó que el ritmo de los mulos fuera más vivo y menos castigado por las altas temperaturas, de tal forma que al filo del mediodía la hermandad alcanzaba el Aguaperal y poco después el pilón de la Raya donde abrevaron los animales y se rezó el Angelus. El Sopetón fue de nuevo el espacio elegido para el rengue de almuerzo. Desde ese punto ya no paró hasta el Cancelìn o Corral de Félix. Jerez marcó la última por Doñana precedida por las restantes hermandades de la provincia. Esa pernocta se hizo junto a las hermandades de Cádiz, El Puerto de Santa María y Arcos. Una misa en ese precioso espacio fue el acto previsto para la noche, una celebración conjunta y con especial dedicación a la hermandad portuense por los 50 años de vida que cumple. El hermano mayor, Felipe Morenés, calificó a este medio el regreso como "un camino de buena gente rociera", salvando así la cantidad por la calidad. A su juicio, el balance de esta romería lo hace "en positivo y no quiero pecar de demasiado optimista. No ha habido nada extraordinario en lo negativo, la gente ha estado contenta y creo que también con el comportamiento de la junta". Morenés profundizó sobre el papel de la junta de gobierno manifestando que "no somos un ente aislado, somos los representantes máximos de los hermanos y desde luego que el mejor premio es ver a la gente participando. Recalco que estamos siempre abiertos a sugerencias pero no queremos conversaciones por las esquinas. Que nos lo digan todo abiertamente". En definitiva, dijo querer "una junta cercana a los hermanos".

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