La provincia se viste de peregrina

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La salida de las hermandades onubenses siguió ayer en Moguer, Rociana, Chucena, Escacena, Manzanilla, Paterna y Villalba del Alcor. Toda Huelva peregrina ya hacia el Rocío, a falta de La Palma que sale hoy.

A primeras horas emprendió su camino hacia la aldea almonteña la Hermandad de Moguer, la cuarta más antigua de cuantas peregrinan a la romería de Pentecostés, y lo hizo con una multitudinaria comitiva compuesta por unos 150 carros, charrés, tractores y vehículos todoterreno, además de unos 400 caballistas y un gran número de peregrinos que acompañan a pie al carretón con el Simpecado.

Tras la tradicional misa de romeros en la Plaza de la Coronación, tomada por cientos de moguereños que se agolpaban junto al Simpecado de plata de la hermandad, la comitiva inició su colorido y bullicioso desfile por la calles, que desde bien temprano se dejó cautivar por este revuelo emocionado que se viene repitiendo desde hace cuatro siglos, los que llevan los rocieros moguereños rindiéndose a los pies de la Blanca Paloma.

Este año la misa se adelantó a las 8:00 para que la llegada a Pino Gordo no fuese tan tarde como en años anteriores. El recorrido por Moguer se modificó, en parte, por las obras de la calle San Francisco.

En el transcurso del recorrido de despedida se volvieron a vivir momentos especiales al paso del Simpecado por el convento de las Hermanas de la Cruz, por la puerta del Colegio Pedro Alonso Niño y por la Casa Consistorial, donde se le ofrecieron flores, mientras los piropos, los vivas y las sevillanas surcaban el aire de la fresca mañana moguereña.

Como cada año, los bueyes de la familia Cascarilla, que portan el carretón, volvieron a dejar una de las estampas más singulares del recorrido cuando se arrodillaron para que el Simpecado recibiera la ofrenda.

Después de una última parada en la calle Hornos, la Filial se encaminó hacia la ermita de Montemayor. Junto a los moguereños peregrina la Asociación Pro-Hermandad de Barajas.

Una nota singular del desfile de este año fue la presencia de una docena de alumnos de un instituto de secundaria de Alemania, que participan en un proyecto de intercambio con estudiantes del instituto Francisco Garfias. Los jóvenes germanos, ataviados con trajes típicos andaluces, acompañaron a la hermandad hasta Montemayor y vivieron ilusionados una experiencia única que seguro recordarán con agrado en el futuro.

Moguer descansa junto a la peana del Milanillo y pernocta en la zona de Pino Gordo.

Después de una mágica noche de emoción, cante, baile y convivencia romera en torno al sentimiento de devoción hacia la Blanca Paloma, la Hermandad del Rocío de Moguer asiste hoy a la misa del Alba y reanuda su peregrinar hacia la aldea almonteña, adonde tiene previsto arribar sobre las 15:00, dejando una vez más muestras de la solera y tradición de esta centenaria Hermandad, que vivirá uno de sus momentos más emotivos el sábado sobre las 12:30, cuando los bueyes del Simpecado se arrodillen ante la Blanca Paloma en su presentación oficial.

Vivir el Rocío es una suerte de experiencia en la que desfilan sentimientos de muy diversa índole, todos ellos entremezclados entre el fervor y el cante por sevillanas, la fiestas y la velada en una madrugada esperando el salto a las rejas o los momentos en que los que hermandad es algo más que una nomenclatura. Rociana del Condado es una de las filiales en cuyo seno se amplifican todas estas experiencias. Quizás por su solera, bien por el gran número de romeros que la acompañan o, tal vez, por el propio cariz de sus gentes; lo cierto es que ayer el municipio volvió a dejar huella en todos aquellos que acompañaron a la carreta.

La peregrinación rocianera comenzó tras la preceptiva misa de romeros en la Parroquia San Bartolomé Apóstol, tras tomar el Simpecado el trono de la carroza. Siguiendo la estela de la música de los tamborileros, una infinita caballería dio comienzo al paseíllo por las calles del pueblo mientras los ciudadanos, apostados en las puertas y balcones de sus casas, despedían a la Hermandad. Los más rezagados terminaban de acicalar a las bestias y equinos a la altura de la salida de los Cuatro Caminillos, momento en que un millar de personas formó la fila para iniciar el periplo que les lleva a la vera de la Blanca Paloma, cerca de la medianoche.

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