Un salto sin sobresaltos

  • Los almonteños saltaron la reja a las 02:50 sin que se produjera ningún intento 'serio' antes de que llegara Simpecado · Tras la suspensión de la procesión, cerca de 70 filiales visitaron a la Virgen en la ermita

No hay ningún manual, no hay nada hay escrito. Los sentimientos mandan. El momento del salto a la reja y el comienzo de la procesión son una incógnita, aunque la tradición dice que debe ser al despuntar el alba y al menos después que el Simpecado de Almonte entre en el santuario marismeño.

Eran aproximadamente las 02:50 cuando comenzó el vuelo de la Blanca Paloma. De nuevo, nada más que el estandarte de la Hermandad Matriz asomó por el dintel de la basílica se produjo la apoteosis y los almonteños sacaron en volandas a su Patrona, que en esta ocasión lucía nuevo traje de Pentecostés.

Hasta entonces, el salto había estado controlado. Pocas cosas habían sucedido en el interior del santuario sino el ambiente de tensa calma, de emociones contenido que sienten los que viven en directo los momentos previos al inicio de la procesión. Aunque nada más comenzar el rosario (00:00) algunos almonteños ya se aferraban a la reja, eran los menos y la entrada y salida de los romeros a la ermita era constante.

Con el tiempo la reja se fue llenando de almonteños con la intención de ser los primeros en asir las andas y los varales de las Reina de la Marismas, mientras que decenas de peregrinos seguían llegando para vivir de primera mano cada una de las emociones y sensaciones que se producen en el interior del templo durante salto.

La Virgen esperaba sola en su altar, sin ningún exorno en el paso de plata. Tan solo su presencia, la que hace que en un instante esté en los brazos de sus hijos los almonteños. Allí se encontraba desde que hacía varios días descendieron la Imagen del lugar que ocupa en el retablo del santuario. Después surgieron los primeros movimientos. Pero la calma seguía siendo la nota predominante alrededor del alta. Los almonteños comenzaron a posicionarse en la reja y los que estaban en primera fila procedieron a colocarse en lo alto.

Eran ya las 02:00 cuando se produjo un incipiente intento de saltar la reja. Los santeros lo evitaron, pero apenas tuvieron que realizar grandes esfuerzos. Incluso los vivas a la Virgen de Rocío y los aplausos de los feligreses fueron contenidos por los propios almonteños que ya abarrotaban toda la zona del presbiterio.

Después, fue visto y no visto. El saltó fue fulminante. La aparición del Simpecado de la Hermandad Matriz por la puerta del santuario desató el entusiasmo. Como ocurrió en otros años, ni siquiera se esperó a que el estandarte alcanzará el altar.

Tras llegar los primeros almonteños al paso de la Virgen se procedido a la apertura de la reja y decenas de almonteños accedieron al paso de la Señora entre palmas de ánimo y vítores de los presentes.

La siguiente maniobra fue bajar el paso desde la tarima en la que había sido colocado. Para entonces, el interior todo era un hervidero de almonteños intentando llegar hasta su Patrona en un ambiente condensado por el sudor de la camisas y la algarabía generalizado del público que se le antojaba en ese momento estar en la piel entre los que portaban ya a hombros a la Blanca Paloma.

Transcurridos unos minutos, el paso apenas podía avanzar aún buscando el dintel de santuario, pero la Virgen se fue abriendo camino entre el gentío que también quería estar más cerca de Ella y acompañarla en su salida a la explanada.

Entre el tumulto, el paso poco a poco fue depositado en el suelo. Después lo conducieron hasta la puerta. Más tiempo de lo habitual tardó la Virgen en asomarse a la marisma, ante la emotiva y atenta mirada de miles de personas que se habían dado cita delante y en los alrededores del templo, mientras se sucedían de nuevo los vivas y los aplausos de júbilos porque iba a comenzar el recorrido por cada una de las hermandades filiales.

Más de media hora estuvo la Señora en la explanada antes de comenzar el recorrido y visitar a las filiales. Para entonces, la brisa de las marismas aportaba frescor a los almonteños que seguían empapados en sudor por el esfuerzo realizado.

Tras el percance del varal que provocó la suspensión de la procesión, el Lunes de Pentecostés vivió algo inédito. Aún quedaban cerca de 70 filiales por ser visitadas por la Señora. El presidente de la Matriz, José Joaquín Gil, anunció por el sistema de megafonía de la aldea, que las hermandades podrían acudir a la ermita para encontrarse con la Blanca Paloma y rezarle una Salve.

Con ese caos ordenado tan característico del Rocío, las filiales empezaron a hacer fila. La Guardia Civil organizaba el camino hasta el santuario y una vez allí, efectivos de la Benemérita y miembros de la Matriz ordenaban el flujo de fieles. De la capital, la primera fue Emigrantes cuya Salve fue dirigida por José Manuel Barral. Huelva llegó casi una hora después con los sacerdotes José Antonio Sosa y Barral. En ambos casos la emoción fue casi incontenible ante este insólito cara a cara con la Reina de las Marismas.

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