Una vuelta marcada por el calor

  • Las hermandades del Rocío de Triana, Sevilla, El Cerro del Águila y la Macarena regresaron ayer de la romería en un día con altas temperaturas y algunos retrasos.

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Ha sido un Rocío más corto de lo normal, y dos caminos muy diferentes. El de ida más fresco y llevadero, pero el de vuelta con toda la dureza del calor propio de una de las fechas más tardías posibles para la romería. Pero ya están en casa, atrás ha quedado más de una semana de peregrinación para encontrarse un año más con la Blanca Paloma, aunque el de este año ha sido un encuentro corto, muy corto para ellos. Si la cara es el espejo del alma, los rostros de los rocieros se mostraban ayer vencidos por el cansancio. "La vuelta ha sido dura, muy dura", contaba un romero de la Macarena a un amigo que esperaba a la caravana en la Plaza de la Magdalena.

Las carretas se hicieron esperar en la tarde ayer. A las 18:30, los cohetes deberían haber anunciado la llegada de la Macarena por Plaza de Armas. Pero no. A las 20:00, aún estaba el simpecado en el Cachorro. La que sí cumplió con su horario de manera escrupulosa fue la del Salvador. La Hermandad de Sevilla accedió a la ciudad por el barrio de Los Remedios con la elegancia marca de la casa. La carreta, "pa carreta la de Sevilla, que no la compare nadie", llevaba un exquisito exorno blanco a base de cardos y lisantum.

Pero el día comenzó temprano. Con la fresquita se anda mejor. En La Juliana se vivió el emotivo encuentro de las carretas de Triana, Sevilla y la Macarena, así lo cuentan los que lo vivieron. A las 21:00, estaba la Macarena frente a la Magdalena. Era la hora del contraste. Dentro, la pomposidad de la celebración eucarística de las hermandades de la Madrugada. Y fuera, la algarabía de los romeros macarenos que no paraban de entonar cánticos.

El Cerro del Águila llegó a media tarde por el campo de la feria. Camino emotivo para esta hermandad por su 25 aniversario. La Medalla de la Ciudad en el simpecado ha sido el orgullo de todos sus peregrinos.

Y Triana. Noche de fiesta en la calle Castilla. La carreta adornada con claveles, algo que no gustó a todo el mundo. Al filo de la medianoche se recogía el simpecado en la calle Evangelista. Ya queda menos para el próximo Rocío.

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