"Sobreviví al campo de exterminio de Buchenwald"

-¿Qué edad tenía cuando estalló la

guerra?

-Tenía 22 años. Trabajaba segando, en un cortijo cerca de Fernán Núñez. Dormía en la era.

-¿Cómo se enteró del alzamiento?

-El hijo del señor, que era muy manitas, había montado una radio con una dinamo y una batería. Una noche llegó y me dijo: "Espejeño, ha estallado la revolución".

-¿Se quedó en el cortijo?

-Claro que no. Cogí la manta y me fui a Espejo, mi pueblo, para tomarlo con los republicanos. Luego vinieron ellos de Córdoba y lo tomaron durante dos días.

-¿Y ustedes huyeron?

-Fuimos a Castro del Río y, con mineros que bajaron de Linares y La Carolina, se tomó el cuartel de la Guardia Civil. Pero recuperamos Espejo y allí estuvimos hasta que lo perdimos, en diciembre del 36.

-¿Cómo recuerda aquellos meses?

-Mi pueblo casi lo deshicieron. Bombardearon varias veces, venía la aviación desde Sevilla. Allí dejé a mi madre y a dos hermanos, porque otro se vino a combatir conmigo.

-¿Se alistó en el Ejército republicano?

-En agosto vino una parte de la columna del general Miaja, bajo el mando de un comandante de artillería al que Franco fusiló luego en Valencia. Se comenzaron a organizar las milicias.

-¿Dónde más combatió?

-En Lopera, en la retirada, en Villa del Río y en Pozoblanco. Ahí me hirieron. Todavía tengo señales y metralla en una pierna.

-¿Logró reincorporarse a filas?

-Combatí después en la provincia de Toledo, frente a Talavera de la Reina, y cerca de Teruel. La última batalla fue la del Ebro, en la que también me hirieron.

-¿Vio morir a muchos?

-He visto tantos muertos, en España y en Alemania, que mejor ni me lo pregunte.

-¿Cómo cruzó a Francia?

-Andando, por Portbou. De allí nos llevaron a un campo de internamiento, Saint Cyprien, cerca de Perpignan.

-¿Qué encontraron al llegar?

-Al principio fue horrible. Entre militares y civiles pasamos la frontera medio millón de personas. ¡Y no había dónde dormir, salvo la arena! Teníamos el mar a un lado y las alambradas al otro.

-¿Cuánto tiempo duró aquello?

-Los franceses se fueron organizando y montaron barracas de madera en Barcarés. Salí de allí un año después y estuve con una compañía de trabajadores hasta que entraron los alemanes, en junio del año 40.

-Supongo que fueron tiempos duros.

-En el 42 me incorporé a la Resistencia, en Burdeos. ¡Eso sí que fue duro! Hicimos trabajos muy difíciles, básicamente de sabotaje, cortando las vías de comunicación a los alemanes.

-Trabajaba en la clandestinidad.

-¡Más escondío que un gato perseguido por un perro!

-¿Y como le detuvieron?

-Por un chivatazo. Me interrogó la Policía francesa y me entregó a la Gestapo.

-Tuvo usted mucho valor, después de vivir una guerra…

-Mi persona no conoce la palabra miedo. Durante la guerra pasé momentos difíciles pero nunca temí dejar la piel.

-¿Con la detención empezó su segunda pesadilla?

-Los alemanes nos catalogaron como terroristas. Tras unos meses en Francia, en enero del 44 nos mandaron al campo de concentración de Buchenwald, en Alemania.

-¿Sabían que iban a un campo de exterminio?

-Dicen que hay gente que lo sabía, pero a nosotros nadie nos avisó. Pensábamos que íbamos a trabajos forzados. Viajamos hacinados, cien hombres por cada vagón de tren.

-¿Qué ocurrió al llegar a Buchenwald?

-Al principio no ves nada. Llegas, empiezan a pelarte desde los pies a la cabeza, no te dejan más que las cejas, y te dan un vestido de rayas. ¡Con un frío que hacía!

-¿Cuánto tardó en comprender su situación?

-Empiezas a darte cuenta de dónde estás cuando vives en el campo. Ves muertos por doquier, aquí y allá. ¡Y tipos que van andando que pesan menos que una gallina!

-¿Cuántos prisioneros había?

-Calculo que en ese momento éramos más de cincuenta mil. Compartí casa con Jorge Semprún, que fue ministro cuando llegó la democracia a España. Estuvimos juntos hasta la liberación del campo.

-¿Cómo logró sobrevivir?

-Un preso alemán que trabajaba limpiando las casas de los SS me daba de comer lo que le sobraba. Los SS no tenían corazón, pero no todos los alemanes eran iguales.

-¿Recuerda el día de la liberación?

-En el campo funcionaba un Comité Internacional de Resistencia militar. Después de que lo bombardearan, en agosto del 44, logramos entrar armas y lo liberamos tres horas antes de que llegara el Ejército.

-¿Le apenó no poder volver?

-Para mí el exilio fue un peso enorme. Pero tras la derrota alemana a los liberados de los campos nos recibieron en Francia con moqueta roja. Se han portado muy bien con los deportados.

-Y ha sido feliz allí.

-Me casé con una simpática francesa. Tenemos 4 hijos, 8 nietos y una biznieta. He trabajado en la construcción, como carpintero. ¡Yo, que no había tenido un martillo en la mano en mi vida!

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